La estrategia de inversión para el 2021

El arte de invertir no es algo que puede ser llevado adelante por cualquier persona. Cuando promuevo la cultura de la inversión, lo hago desde una óptica de que debe ser llevada a cabo de una manera inteligente, con una estrategia clara y consistente y no dejar cuestiones libradas al azar.

Invertir sin plan ni estrategia no conduce a resultados concretos. Por el contrario, crece la probabilidad de obtener retornos negativos, frustraciones, emociones desencajadas y pérdidas patrimoniales muy grandes.

Pero tener una estrategia tampoco es garantía de éxito. La misma debe ponerse a prueba permanentemente, desafiarla y adaptarla. Sobre todo esto último. Para ver la relevancia de lo anterior, me gustaría darte un ejemplo al respecto.

Para todos los que desarrollamos nuestra carrera profesional alrededor de los mercados financieros, hemos crecido estudiando la teoría de la estrategia 70/30. La misma implica que lo que realmente hace la diferencia en materia del crecimiento de tu ahorro a partir de tus inversiones es la distribución que haces de tu dinero en las dos grandes categorías de inversión: acciones y bonos.

En este sentido, la evidencia empírica muestra que quienes siguieron una estrategia de invertir 70% de su ahorro en bonos y 30% en acciones, han tenido un retorno anual de 7,31% en el período 1926-2015. Claramente que se trata de un gran rendimiento que superó con creces la inflación.

Ahora bien, quienes optaron por la estrategia más arriesgada, con una estrategia de 70% invertido en acciones y 30% invertida en bonos, obtuvieron un retorno anual de 9,96% en el mismo período. Esto se encuentra alineado con el principio número 1 de las inversiones que implica que hay una correlación directa entre el riesgo y el retorno esperado.

Como las acciones son activos considerados de renta variable, tienen implícitos más riesgos, y es lógico que haya obtenido un retorno histórico mayor. Así, la estrategia de 70% acciones y 30% bonos convirtió USD 1 invertido en casi USD 2.500 en esos 89 años considerados.

No está mal, ¿no?

70/30 asset allocation chart

Pese a lo atractivo de los números anteriores, tengo una mala noticia hacia adelante: con los rendimientos actuales de los bonos, luego de la masiva emisión monetaria global, los mismos ya no pueden formar parte de ninguna estrategia de inversión. Ni la de 70% acciones y 30% bonos y ni mucho menos la de 70% bonos y la de 30% acciones.

¿Cómo resolver este dilema?

Una parte puede ser resuelta como ETFs o fondos indexados a los principales índices bursátiles. La otra con un exhaustivo proceso de selección de activos que supla la gran debilidad estructural de los bonos y sus rendimientos de hoy.

Para esta última parte, he ideado una solución para este 2021. La misma tiene que ver con el servicio de recomendaciones Portafolio Sin Fronteras (PSF).

¿Qué podés esperar de este servicio?

Armé un portafolio que estará formado por empresas e instrumentos del exterior que incluso pueden o no cotizar en el principal mercado del mundo: Wall Street. Así, es necesario contar con una cuenta en un bróker online para aprovechar cada oportunidad.

Como entiendo que habrá lectores con distintos niveles de riesgo, decidí que la cartera tenga tres categorías bien diferenciadas que aborden todos los espectros posibles.

  • Renta Global: Aquí buscaremos invertir en instrumentos capaces de generar rentas predecibles en el tiempo y que sean superadoras de los típicos bonos soberanos o corporativos que hoy rinden poco y nada en el mundo.
  • Legado Buffett-Munger: En esta sección incorporaremos acciones que ofrezcan un buen margen de seguridad a partir del análisis de los fundamentos de las empresas. Por algún motivo, el mercado muchas veces no considera determinados activos a pesar de sus buenas perspectivas y es ahí donde aprovecharemos eso a nuestro favor. Esto es lo que comúnmente conocemos como Value Investing (o Inversiones de Valor).
  • Crecimiento Disruptivo: En esta categoría apuntaremos a sugerir firmas que estén creciendo a gran velocidad, que no necesariamente estén en el centro de la escena de todos los inversores, pero que ganan mercado rápidamente. Son empresas más volátiles y riesgosas, pero con altas chances de ofrecer un retorno muy atractivo para el inversor. También buscaremos incorporar compañías que circunstancialmente han sido golpeadas pero que tienen chances de recuperarse una vez superada esta anomalía.

Ya tenemos interesante rendimientos en apenas unas semanas de 2021. Si querés sumarte a esta comunidad de inversores, te estamos esperando acá.

Seguimos aprendiendo en los mercados y detectando oportunidades permanentemente.

¿Super ciclo de commodities y fin de la burbuja?

El comienzo de 2021 comenzó con el “Rally de Cualquier Cosa”. Criptomonedas, acciones sin fundamentos ni ganancias y commodities. El nivel de euforia es increíblemente alto (y peligroso…).

Pero vayamos un poco hacia atrás para saber lo que está pasando.

El detonante del mini mercado bajista que tuvo lugar entre marzo y abril de 2020 ha sido la pandemia, generada por la Covid-19. Por ese entonces, muchos analistas de mercado salieron a decir que el comportamiento de las Bolsas sería distinto a la historia más conocida porque la pandemia era un hecho excepcional.

Efectivamente no es frecuente que el mundo se enfrente a un fenómeno de esta naturaleza. De hecho, hay que remontarse a un siglo atrás para encontrar a la fiebre española como la última pandemia sobre la que la humanidad había tenido registro. Hubo amenazas recientes, como la del Ébola, el SARS o la gripe porcina (conocida como gripe A) que amenazaron la normalidad global. Sin embargo, y por fortuna, han quedado en eso: solo una amenaza.

Pero para la naturaleza de los mercados, la pandemia no alteró el rumbo normal que relaciona el ciclo económico global  y el comportamiento del inversor. Lo que sí se vio alterado fue la velocidad de los acontecimientos y eso se debió al accionar rápido y sincronizado de los bancos centrales. Tuvimos la caída más violenta en el lapso más corto del que haya registro, pero también se verificó la recuperación bursátil más importante, tanto en magnitud como lapso de tiempo, en toda la historia.

Pese a esto, como marqué anteriormente, el ciclo económico y del inversor se respetó casi a rajatabla.

Para tener una visión más acabada de lo anterior, partamos del siguiente gráfico:

Si observamos este reloj del ciclo veremos que las etapas del mercado en la pandemia han sido similares a cualquier otro ciclo del que se tenga recuerdo. Hay que evaluarlo como las agujas del reloj, de derecha a izquierda.

Si partimos del cuadrante de arriba a la derecha, antes de la irrupción de la pandemia, el ciclo económico global estaba en cierta manera recalentado, con la economía estadounidense liderando la expansión y una tasa de desempleo que se ubicaba en el menor nivel de los últimos 50 años. Se hablaba de que la principal economía del mundo se encontraba creciendo por encima de su potencialidad y que la inflación podía ser un problema. Sin llegar a ese extremo, la pandemia implicó rápidamente pasar al siguiente cuadrante.

El mundo se paró por completo, incluido Estados Unidos, con los masivos cierres para contener el virus. Se verificaron caídas sin precedentes de las economías y los inversores se desprendieron de las acciones a una altísimas velocidad, privilegiando el posicionamiento en efectivo (dólar o bonos del Tesoro). La expectativa de inflación cayó fuertemente y la deflación tomó el control.

A medida que se fue recogiendo evidencia empírica del virus y se complementó con ayudas sin precedentes de los fiscos y los bancos centrales para contener los efectos adversos, las economías comenzaron a rebotar. El peligro de un masivo crash financiero de bonos soberanos y corporativos comenzó a disiparse. Incluso, los rendimientos de los bonos comenzaron a bajar drásticamente, permitiendo recuperar, la gran mayoría de ellos, los rendimientos bajísimos que ofrecían previo a la pandemia. Esto queda reflejado en el cuadrante de abajo a la izquierda.

Con la nueva estabilidad y la gran liquidez global, se dio el paso natural al cuadrante de arriba a la izquierda: la recuperación de las economías globales (desarrolladas y emergentes) fue un hecho y las acciones comenzaron a ser fuertemente demandada por los inversores. Primero fue el turno de las tecnológicas más grandes que sacaron provecho de la nueva normalidad. Luego de empresas que se pusieron “de moda” y que eran un “negocio seguro”. Todo esto empujó a las acciones a un terreno de extrema valoración medidas por las ganancias que se espere que generen. En más de una oportunidad, advertí los peligros de ratios de acciones cercanos a los de la burbuja puntocom.

Desde diciembre último, parecemos estar en el cuadrante superior derecho. Hay un peligro de aceleración inflacionaria por la gran cantidad de moneda fiduciaria emitida. El dólar estadounidense está perdiendo valor aceleradamente y esto se ve reflejado en las paridades con las otras monedas (euro, libra, yen) y con el “Rally de Cualquier Cosa”. La contracara de la depreciación del dólar es la suba de las acciones (ahora con más fuerza las de valor que las de crecimiento), de las criptomonedas (Bitcoin a la cabeza) y de los commodities. En relación a lo que subieron los índices bursátiles, los commodities se encuentran en un mínimo histórico, por lo que un super ciclo de commodities que alimente la inflación mundial y ayude licuar el gran endeudamiento global parece ser lo que sigue.

Luego de esta etapa de sobre calentamiento, ya sabemos lo que sigue en el cuadrante siguiente (estancamiento con inflación), aunque la gran pregunta es cuándo. De lo que sí estoy seguro, es que tanto en la etapa actual como la que nos espera a futuro, hay excelentes oportunidades de mercado que ya estoy haciendo llegar a mis suscriptores de Portafolio Sin Fronteras. Si te interesa ser parte de esta comunidad, no tenés más que suscribirte acá.

Y recordá que cuando muchos señalan que la pandemia cambió el mundo para siempre, al menos desde la perspectiva de las Bolsas, esto no fue así. El ciclo económico y del comportamiento del inversor, se volvió a cumplir a la perfección.

¿Qué se espera para las acciones en 2021?

¿Tengo que invertir parte de mi dinero en acciones en 2021? ¿Será rentable hacerlo?

A esta altura del año existen una serie de rutinas que se evidencian con fuerza en Wall Street. Entre ellas, una de las más reconocidas es que los estrategas de los bancos de inversión ofrecen su proyección de retorno sobre las acciones que componen el índice S&P500 para el año que está por comenzar.

La mencionada práctica no es necesariamente apreciada por la capacidad de acierto de los analistas. De hecho, el track record (historial) de esas proyecciones es bastante deficiente cuando se las compara con lo que finalmente ocurrió en la práctica. Sin embargo, es un habito adoptado.

En mi caso personal, comparto el escepticismo del inversor respecto a estas cifras que se proyectan. Es imposible saber con exactitud cómo se comportará el mercado durante el año que comienza. Sin ir más lejos, la principal la principal lección la ofreció este 2020 que estamos despidiendo: absolutamente nadie pudo estar en condiciones de predecir el advenimiento de una pandemia como la que tuvimos.

Además, existe un claro sesgo a proyectar positivamente (nadie nunca acertó un retroceso de los mercados) y también de estar cerca del consenso para evitar quedar muy desalineado con el mainstream de la industria.

Pese a esto, como señalé, los cisnes negros son realmente difíciles de predecir y visualizar. Así las cosas, los estrategas redoblan sus apuestas todos los años y ofrecen su visión. ¿Qué tienen entre manos para el 2021? Lo siguiente:

En promedio, los analistas esperan una suba aproximada de 10% del S&P 500 para el 2021. Con ese retorno, las acciones seguirían siendo un muy buen negocio.

¿Acaso es tan improbable?

Como dije anteriormente, no comulgo demasiado con este tipo de proyecciones, pero no es un retorno que parece imposible de alcanzar para el 2021. Y me baso en dos hechos de la historia.

El primero es que el S&P 500 ha mostrado un retorno de 9.8% anual promedio en los últimos 30 años, por lo que ese 10% proyectado no es más que ubicar ese pronóstico dentro de la medio histórica de las últimas tres décadas.

El segundo aspecto, también tiene que ver con los datos del pasado. Hace unos meses escribí un artículo en donde mencioné que las elecciones presidenciales en Estados Unidos no debían ser una preocupación para el inversor. Las estadísticas mostraban que los años electorales eran buenos para la performance de la Bolsa y que el año posterior a este evento también. De hecho, el S&P500 rindió, en promedio, más del 9% el año siguiente a las elecciones.

Entonces, si bien retornos pasados no garantizan resultados positivos en el futuro, “la mesa está servida” para pensar en un buen año para las acciones. Lo que sí me preocupa del mercado actual son las valuaciones. Aun considerando que las vacunas para combatir la Covid-19 traerán cierta normalidad, gran parte de las cotizaciones ya tienen incorporadas esa normalización. De hecho, el ratio Precio / Ganancias futuro del índice está en récord histórico.

Todo lo anterior favorece a pensar de que tendremos un buen año para las acciones, pero habrá que ser selectivo. Para ello, estoy trabajando en un servicio de suscripción basado en mi experiencia que puede serte de utilidad. Si estás interesado, anotate aquí para recibir pronto novedades.

¡Muchas felicidades! Ojalá tengas un excelente 2021.

Aprendiendo en los mercados,

Diego

Por qué el inversor no debe preocuparse por las elecciones en USA

Si algo le faltaba a este tan particular año 2020 era, ni más ni menos, la dosis de volatilidad política que imprimen las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Las mismas se celebrarán el próximo 3 de noviembre y las encuestas marcan una leve ventaja del candidato demócrata Joe Biden por sobre Donald Trump.

Cualquier reporte de inversión que se lee por estas horas tiene un denominador común respecto este tema: a medida que nos acercamos a la fecha de la elección la volatilidad e incertidumbre se incrementará.

No desconozco en absoluto la trascendencia de esta elección. Tampoco quiero ir en contra del consenso de los principales analistas del mercado. Sin embargo, invito a tomarse una pausa y mirar este evento desde otra perspectiva.

La historia muestra que las elecciones presidenciales en economías desarrolladas, principalmente como la de Estados Unidos, no revisten el riesgo de un cambio sistémico de acuerdo a quién resulte el candidato vencedor en la contienda. Hay instituciones y direcciones que no se discuten, ya que el respeto por la inversión, la seguridad jurídica, la justicia, la división de poderes y muchos aspectos adicionales ya cuentan con un acuerdo implícito por parte de la sociedad desde hace décadas. Entiendo que para los que vivimos en países emergentes o sub-desarrollados, como el caso de Argentina, las elecciones presidenciales se viven como una cuestión de vida o muerte. El resultado electoral influye drásticamente en el modelo de país que regirá y eso impide tener una planificación de largo plazo.

En el mundo desarrollado, no funciona así.

En las elecciones actuales en Estados Unidos están en juego determinados matices que pueden tener un impacto tangencial en determinados sectores. Y esto es lo que debemos prestar atención como inversores si es que tenemos un posicionamiento en empresas que eventualmente puede ser favorecidas o perjudicadas con alguna política puntual que podría aplicarse por parte de quien ocupe el sillón de la Casa Blanca a partir de enero de 2021.

Más allá de eso, no hay un cambio de paradigma para el andar de Estados Unidos, gane Biden o Trump. Y no es una opinión personal sino que así parece ser de acuerdo a la historia del comportamiento del mercado estadounidense durante el año de las elecciones y los primeros 12 meses de gobierno del candidato electo.

Desde 1928 hasta el 2016, se han verificado 23 elecciones presidenciales en Estados Unidos. El S&P 500 ha rendido, en promedio, un 11,3% en años electorales. Y solo en 4 de los 23 de estos años, el mercado ha dado resultados negativos, destacándose el 2008 que se encontraba atravesado por la grave crisis de las hipotecas subprime.

Al momento de escribir este artículo, el S&P 500 acumula una mejora de tan solo 3,8%, lejos de los retornos promedio anuales que mostramos anteriormente. Desde ya, no hace falta aclarar que en ninguno de los años anteriores el mundo estaba atravesado por una pandemia, además de que los retornos pasados no garantizan rendimientos positivos a futuro.

Pero lo más atractivo es lo siguiente…

En el año siguiente posterior al de las elecciones, el S&P 500 rindió un promedio de anual de 10,3%, apenas por debajo de ese 11,3% que se verificó en los años electorales. También acá, en solo 4 ocasiones el mercado rindió negativo al año siguiente de las elecciones. Y esto se dio a pesar de la existencia de fuertes contrastes entre candidatos que derivaban pujas redistributivas crecientes en el relato de demócratas vs. republicanos.

Lo que nos deja en claro lo anterior es que siempre termina prevaleciendo la economía por sobre los matices políticos que puedan surgir a partir del nuevo partido gobernante o la continuidad del actual. Si la economía funciona, el mercado lo refleja positivamente. Y como en Estados Unidos las estructuras de fondo no se revisan con cada cambio de presidente, como inversores de mediano plazo debemos observar la tendencia de la economía para la toma de decisiones, dejando de lado la politiquería o peleas de campaña que tienen un impacto en el corto plazo.

Antes de finalizar, dos cuestiones centrales:

  1. La historia de rendimientos pasados no garantiza los futuros, pero nos puede servir de guía para ver determinados eventos de magnitud desde otra perspectiva.
  2. Así como el mercado de Estados Unidos tiende a rendir mejor en el año de elecciones que en el posterior inmediato, hay otros tipos de mercados que se comportan diametralmente opuestos a lo anterior. Una pista: consideren los mercados emergentes para el año 2021.

Los insiders saben algo que nos puede interesar

Peter Lynch es uno de los referentes más importantes del Value Investing (Inversiones de Valor). Está a la altura de Warren Buffett y apenas por debajo del que es considerado padre de esta disciplina de inversión: Benjamin Graham.

Dentro de la frases más contundentes, recordadas y efectivas que Peter Lynch ha manifestado fue: “Yo amo a la volatilidad en los mercados financieros”. La dijo durante un discurso en en octubre de 1994 cuando le fue preguntado si estaba preocupado por la reinante volatilidad de las bolsas y si recomendaba tomar alguna medida al respecto.

“La volatilidad te permite comprar activos financieros a precios muy por debajo de su valor”, sentenció.

Los últimos días fueron momentos de mucha volatilidad. En tan solo 3 ruedas, el índice Nasdaq retrocedió más de un 10%. Lógicamente, la suba anterior había sido fuerte, abrupta y hasta exagerada. Nos habíamos referido a esto en un artículo previo en el cual hicimos mención a la rotación del portafolio que podía emerger a futuro.

Y el índice de volatilidad, medido por la compra de cobertura de los inversores para protegerse de potenciales bajas del mercado, registró la suba semanal más grande desde junio pasado.

Esto nos lleva a monitorear de cerca los movimientos próximos, para determinar si estamos en presencia de una sana toma de utilidadesun eventual punto de inflexión en la tendencia a nivel general.

Allí surgirán nuevas oportunidades, sobre todo para aquellos que no pudieron aprovechar la suba reciente y se quedaron con una gran parte de liquidez en la cartera. Es una cuestión de paciencia y timing.

Pero el proceso decisorio, no puede estar librado al azar. Son las empresas con buenos fundamentos y proyecciones auspiciosas a futuro las que podrán seguir liderando en los mercados. Seguramente te estarás preguntando cómo podemos saber con exactitud lo que le depara a cada empresa.

Allí, tres consejos necesarios a considerar.

Un primer elemento a utilizar es, sin dudas, nuestro sentido común. Sabemos que la pandemia seguirá golpeando las expectativas en el corto plazo, aún cuando aparezca una vacuna pronto. Más allá de eso, existen cambios en el comportamiento de los individuos y empresas que prevalecerán más allá de la eventual cura contra el virus. En este caso, lo que originó la pandemia fue una aceleración de los procesos que se venían gestando previo a la Covid-19: la digitalización de la economía, la utilización de la nube como herramienta central de la actividad corporativa, la intensificación del e-commerce, entre otras cosas.

Un segundo aspecto es, desde ya, la utilización de los balances trimestrales que van presentando las empresas listadas. Esos documentos nos dan una idea acabada de la película pasada reciente a nivel empresarial, la foto presente y, además, una proyección de lo que viene. Es un contenido extremadamente valioso.

Y en tercer plano existe algo muy importante que no todos los participantes del mercado conocen o utilizan correctamente: la actividad de los insiders.

¿De qué estamos hablando?

Se denomina insiders a aquellas personas que pertenecen al management o cuerpo gerencial de una compañía pública, como ser directores, síndicos, etc., que deben informar a los organismos de control cualquier transacción particular que hagan con las acciones de la empresa en la que trabajan, se trate de una compra o una venta. En los mercados de Wall Street, el documento asociado a este tipo de transacciones que se presenta ante la Securities and Exchange Commission es el denominado Form 4.

Esta es una información muy valiosa para el inversor. Saber qué está haciendo el management de la empresa con las acciones de la misma puede marcar las expectativas que ellos tienen en cuanto al potencial futuro de los negocios de la firma. Los insiders son los agentes que poseen más información que nadie respecto a cómo evolución las actividades de la compañía y, generalmente, sus transacciones anticipan el movimiento del papel en la Bolsa.

Si los insiders están comprando acciones de la firma es porque creen que dichos activos están baratos respecto a su cotización actual, mandando una señal a los inversores. En sentido opuesto, las ventas de los insiders pueden estar anticipando que malas noticias están por venir para esa empresa.

Claro está que no es un predictor perfecto, pero funciona muy bien. Pero si no sos un inversor profesional que se dedica 100% al mercado, buscar la información del Form 4 en la página de la SCE puede resultarte muy tedioso. En este sentido, dejame aliviarte el camino con un atajo. En el sitio Open Insider vas a poder ver las últimas transacciones disponibles filtradas por empresa. Solo tenés que ingresar el ticker de la empresa en la que estás buscando invertir y, una vez realizado tu propio análisis, podrás ver qué es lo que está haciendo el management de la firma en relación a sus acciones.

Por ejemplo, este es el comportamiento reciente de los insiders en una de las empresas que está trabajando en el desarrollo de la vacuna contra el Covid: la estadounidense Moderna (MRNA).

Al parecer, tanto el CEO, el presidente como el CMO no son tan optimistas con el resultado final de la vacuna o creen que las mejores noticias por venir ya se encuentran incorporadas en el precio de la acción ¡No han parado de vender acciones de la compañía!

Con esto, no estoy diciendo que Moderna no puede seguir subiendo hacia adelante. Solo estoy interpretando la señal predicitiva que nos dan los insiders.

Más allá de este caso puntual, ya tenés disponible una nueva herramienta para mejorar tu búsqueda de acciones valiosas para u portafolio.

Los errores son parte del aprendizaje para invertir mejor

cedears

Soy de los que piensan que tanto en la vida personal como en la profesional hay que manejarse de la misma manera. Si hay algo que comprendí desde pequeño, por lo que me inculcaron en mi seno familiar, es que manejarse con honestidad y reconocer los errores es la manera más fructífera de poder sembrar relaciones duraderas de largo plazo.

Lo mismo aprendí en el plano profesional. Cuando uno está errado, debe ser flexible y reconocer sus errores. Aprende de ellos, los plantea honestamente hacia el otro y mejora su proceder a futuro. Quiero ser honesto con cada uno de ustedes que, de alguna u otra manera, me leen o escuchan cotidianamente.

Cuando comenzó la crisis de la pandemia y tuvo su impacto inmediato, procedí erróneamente a interpretar las cosas. El mercado había mostrado su caída más vertiginosa en el plazo más corto nunca antes registrado: 36% en tan solo 23 días. Busqué en la historia de las correcciones bursátiles lo que podría ocurrir a partir de ese entonces. En base a lo anterior, pensé que el índice S&P 500 podía recuperar hasta un 70% de esa caída previa antes de volver a la senda de la corrección nuevamente.

Me equivoqué.

No solo se recuperó el 70% de la caída, sino la totalidad de la misma. Es más, el S&P 500 está por encima de ese nivel previo. Y ni que hablar si hacemos hincapié en el tecnológico Nasdaq, el cual está un 15% por encima de su máximo de febrero. La recuperación en “V” llegó al mercado, no así a la economía.

¿Cómo puede ser que haya tanta divergencia entre la economía financiera y la economía real? O como en la jerga bursátil se dice entre Wall Street y Main Street. ¿Acaso esta vez es diferente? ¿La historia no se repite? Analizando un poco más en profundidad la situación, llegué a la siguiente conclusión: el mercado está en un máximo histórico por la Covid-19, no a pesar de ella.

La justificación de lo anterior, en mi humilde opinión, no se debe principalmente a que los Gobiernos hayan puesto dinero en los bolsillos de los ciudadanos y éstos salieron a comprar desesperadamente acciones en el mercado. No me puedo imaginar que los ingresos que tienen los trabajadores desempleados se destinen a este fin. Al menos, es imposible pensarlo de esa manera en las economías latinoamericanas. Las familias utilizan esos ingresos para consumir lo básico y elemental, ni siquiera piensan en el mercado. Tampoco me lo imagino en las economías más desarrolladas.

Lo que a mi entender ocurrió es que la pandemia no hizo más que profundizar el poderío de las grandes empresas. No lo digo de manera despectiva ni mucho menos. Sino que las empresas más grandes salieron fortalecidas de este proceso por lo bien que habían hecho su trabajo anteriormente. Esas firmas con tecnologías disruptivas, con una innovación continua y con niveles de endeudamiento muy bajos o nulos son las que captaron una cuota incremental del mercado. No solo fidelizaron los clientes que tenían, sino que sumaron muchísimos más, aquellos que fueron perdiendo las que quedaron en el camino.

Firmas como Apple (AAPL), Microsoft (MSFT), Google (GOOGL), Amazon (AMZN), Netflix (NFLX) Facebook (FB) son los casos más representativos. Sus ventas crecieron, sus ganancias aumentaron y su participación de mercado se incrementó.

Pero al mismo tiempo, nunca antes en la historia hubo tanta ponderación acumulada de las 10 primeras empresas del índice S&P 500. Este top ten representan el 28,5% de la cartera total del índice. Es decir que, entre las 490 empresas restantes, “sólo” se explican el 71,5% del movimiento del S&P 500. Y muchas de estas últimas compañías están muy lejos de los valores que tenían previamente a marzo.

Y son, precisamente, las diez primeras empresas, las que más han consolidado su posicionamiento en la economía mundial como consecuencia de la pandemia.

De esta manera, podemos sacar muchas conclusiones más correctas respecto a lo que está ocurriendo:

    1. Wall Street no ha perdido la cordura ni la racionalidad, sino que los índices están en terreno récord porque quienes impulsan a los mismos son las que ganaron más clientes e ingresos gracias al coronavirus y no a pesar de él.
    2. Esa recuperación del mercado es extraordinaria porque la situación de las empresas así lo son. Nunca antes las 10 primeras firmas del índice tuvieron tanta ponderación en el pasado.
    3. La sensación de que Wall Street está claramente disociado de “la calle o economía real” no está errada. Cuando uno analiza recuperaciones anteriores del mercado tras una recesión o colapso, las que lideraron esos movimientos son empresas que en la actualidad son las víctimas más predilectas del virus: financieras, energía, consumo discrecional, turismo, son solo algunos ejemplos. Así, el desempleo es alto y la ayuda económica estatal nunca antes vista.

Así, debo reconocer que me equivoqué en mi análisis inicial de esta caída del mercado. Como aprendí de mis errores, ahora el valor futuro para la cartera estará dado por develar si esta nueva normalidad de concentración económica de las más grandes llegó para quedarse o si efectivamente la aparición de una vacuna podrá torcer la historia y forzar una fuerte rotación hacia los sectores más relegados en la actualidad.

Me inclino a esto último, pero todavía es un escenario muy incierto aún.

Warren Buffett invierte por primera vez en oro

Son momentos especialmente difíciles para el mundo. La pandemia agudizó las divergencias en las sociedades, sin importar el grado de desarrollo económico que las mismas tengan. El nivel de tolerancia está en su mínimo expresión y la virulencia en que cada una de las fragmentadas partes intenta imponer su visión de los acontecimientos y del futuro que viene es un factor de gran incertidumbre.

En los mercados financieros ocurre algo semejante. De por siempre ha existido una brecha importante entre las dos corrientes de análisis más importantes que cruzan transversalmente las inversiones: fundamental vs. técnico.

Mientras que los analistas fundamentales pregonan que el análisis presente y futuro de los negocios de una firma es la mejor herramienta para determinar cuán distante está el valor del precio del activo (y en definitiva saber si podría ser una inversión rentable), los analistas técnicos descansan en el análisis de los precios pasadas para determinar comportamientos futuros de las acciones. “En los precios está casi toda la información disponible reflejada y estudiando comportamientos pasados que se repetirán en el futuro, es más que suficiente para predecir”, señalan los defensores de esta última corriente.

Ni una cosa ni la otra. Durante toda mi carrera profesional no he visto ningún analista fundamental que tenga un track record (historial) totalmente limpio. En la misma línea, tampoco he conocido a algún analista técnico que tengan 100% de aciertos en los comportamientos de los activos que predicen.

Más allá de eso, en mi caso personal me siento más identificado con el análisis fundamental y la escuela de valor que se vincula con Benjamin Graham y Warren Buffett. De todas formas me permito usar el análisis técnico como una herramienta de timing que me indique si es buen momento de comprar o no un activo que he analizado.

Sintetizando, el análisis fundamental me dice qué debo comprar y el análisis técnico cuándo es el mejor momento para hacerlo.

Retomando la cuestión de los niveles de baja tolerancia, grieta y comportamientos que rozan la falta de respeto, el legendario Warren Buffett también ha sido víctima también de este proceso en los tiempos que corren.

Durante los últimos años, el gurú ha recibido despiadadas críticas de parte de sus principales detractores. El menor rendimiento que el fondo que conduce, Berkshire Hathaway (BRK-B), en la última década respecto el índice S&P500 fue la justificación central a partir de la cual sus críticos señalaron que Buffett no había aggiornado su metodología de selección de activos a los tiempos cambiantes de la actualidad.

Sin embargo, lo que sus detractores no reconocen es que desde que Warren Buffett tomó la dirección y manejo de Berkshire, en 1965, el retorno promedio anual hasta el 2019 fue de 20,3%, mientras que en el mismo período el índice S&P 500 rindió 10%. Así, en palabras simples, en los últimos 54 años el oráculo de Omaha logró el doble de rendimiento anual promedio que el índice más diversificado del mundo.

Pero lo anterior parece no tener mucho implicancia en la actualidad. La soberbia y la prepotencia es lo que más se destaca entre las nuevas “figuras” de los mercados. P

or ejemplo, Dave Portnoy, fundador de Barstool Sports, se volcó a los mercados de acciones cuando la pandemia en Estados Unidos obligó a parar todos los deportes profesionales reduciendo las apuestas online, el negocio principal de Dave, a su mínima expresión.

Después de unas semanas de fuertes ganancias con acciones en el trading diario, la figura de Dave ganó popularidad entre los inversores más jóvenes. Fue el propio Portnoy quien se autoproclamó como mejor inversor de Warren Buffett, a quien llegó a considerar un “tonto” por haberse desprendido de las acciones de las aerolíneas estadounidenses en mayo último.

Ni tonto ni soberbio…

Lejos de ser considerado tonto o novato en materia de inversiones, Warren Buffett ha demostrado ser una de las leyendas bursátiles más humildes del ambiente. Su sapiencia no solo quedó reflejada en su gran track record, sino en su pedagogía y docencia que se desprende de sus palabras en cuanto entrevista se le realiza.

Pero hay más.

A sus 89 años, el pasado viernes (14 de agosto), Buffett volvió de demostrar que siempre es buen momento para seguir aprendiendo e incluso derribar prejuicios sobre impresiones que tenía en el pasado.

“Nunca invertiría en oro. Quien invierte en una onza de oro siempre tendrá esa misma onza a lo largo del tiempo. El oro no da renta ni es utiliza para producir nada”, señalaba el gurú en más de una oportunidad cuando se la preguntaba por el metal.

En el formulario F-13 presentado recientemente ante la SEC, donde se informan los cambios de tenencias de Berkshire Hathaway, se identificó una disminución en las tenencias de JP Morgan y Wells Fargo y una nueva incorporación: la minera Barrick Gold (GOLD).

Aunque uno nunca lo hubiera podido haber anticipado ese movimiento, Warren Buffet decidió mostrar que es humano, flexible y que puede rever estrategias que en el pasado nunca antes consideró con el fin de generar valor a sus accionistas. Influido o no por sus colegas de directorio y/o comité de inversión, Buffett manda una nueva señal que sorprende al mercado.

Lejos de ser soberbio e inexperto, quizás el oráculo de Omaha se está preparando para lo que viene a nivel global luego de la masiva emisión de dinero que se hizo para superar la pandemia.

Si no tomaste nota para tu portafolio, quizás debería ser el momento de hacerlo.

Caída del dólar obliga a repensar el portafolio

A nivel profesional, me siento un privilegiado. Son muy pocas personas en el mundo las que pueden decir que aman la actividad laboral que desarrollan. Cuando era adolescente, siempre decía que quería ser o jugador de fútbol o un profesional de las finanzas e inversiones. Bueno, aquí estoy, disfrutando de lo segundo.

Hace casi 20 años que me encuentro en el mundo de los mercados y todos los días les aseguro que sigo aprendiendo. La tecnología potenció este aprendizaje. En las redes sociales e Internet siempre encuentro cosas nuevas para seguir evolucionando. Y en los grupos de Whatsapp de inversores a los que pertenezco, siempre se arman debates que generan valor y disparan ideas.

Justamente, ayer (31 de julio de 2020) en uno de esos intercambios (más precisamente en el grupo “Bolseritos”), un experimentado inversor disparó un tema de conversación al compartir un artículo que mencionaba que la agencia de calificación Fitch rebajó el panorama de la deuda estadounidense de Estable a Negativo.

No es la primera vez que una calificadora cuestiona la deuda de la principal economía del mundo. El 6 de agosto de 2011, la agencia Standard & Poor’s marcó un hito histórico al rebajar la nota de AAA a AA+. Por ese entonces, S&P señaló que el plan fiscal acordado en el Congreso era débil para estabilizar la dinámica de deuda de mediano plazo.

La evidencia empírica, desde entonces, le dio la razón.

En ese momento, el ratio Deuda / PBI de Estados Unidos se ubicaba en casi 97%. Para el primer trimestre de 2020, ese ratio se ubicó en 107%, a razón de un aumento de un 1% por año. En palabras simples, los datos sugieren que durante la última década la deuda creció a una velocidad más rápida que la actividad económica.

Con el impacto de la Covid-19, estimaciones privadas alertan sobre un deterioro más significativo aún. Fitch espera que para finales de 2021, la deuda represente el 130% del PBI estadounidense, haciendo el camino futuro poco sustentable.

Vaya casualidad, hay datos realmente muy semejantes entre lo que estamos viviendo hoy respecto lo ocurrido en 2011 cuando S&P avanzó en la rebaja de calificación a la principal potencia del mundo.

  1. El problema del endeudamiento no se circunscribe solo a Estados Unidos. En 2011, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (Spain) se hicieron conocidos por el acrónimo PIIGS (“Chanchos”) ya que su elevado nivel de deuda pusieron en jaque a la continuidad de la Unión Europea por aquel entonces. En la actualidad, me animo a decir, que gran parte del mundo desarrollado tendrá problemas de endeudamiento con ratios bien instalados por encima del 100%. Si antes teníamos serias dudas sobre quién iba a pagar esos bonos soberanos, ahora ni les cuento.
  2. Las tasas de interés de los principales bancos centrales del mundo se encontraban en niveles mínimos históricos: 0% en el Banco Central Europeo y un rango de 0% a 0,25% para la tasa testigo de la Reserva Federal. Hoy tenemos la misma situación.
  3. El oro alcanzando el máximo nivel histórico en términos nominales. Por 2011, la onza llegó a un máximo de USD 1.900 intradiario, mientras que hoy el metal se instala bien por encima de ese nivel y a las puertas de los USD 2.000.

Todas similitudes que no son coincidencia, sino que pueden estar marcando cambios estructurales en las relaciones geopolíticas por delante.

Cómo sigue hacia adelante la película

La cantidad de dinero emitida en el mundo no tiene precedentes en la historia moderna.

Una muestra de lo anterior es la hoja de balance de la FED. En septiembre de 2008, el banco central estadounidense contaba con USD 905.000 millones en activos. Para febrero de 2020, esos activos sumaban USD 4.100.000 millones. En términos relativos, crecieron un 353%. Sin embargo, nominalmente lo que tardó en expandirse en casi 12 años, en la actualidad se expandió en apenas cinco meses. Y más emisión parece estar por venir.

Esa innegable lluvia de dólares explica, en gran parte, el rally reciente de la renta variable, la cual está en terreno récord histórico nuevamente. En un mundo a tasa 0% y con expectativas de inflación crecientes a futuro, los inversores se cubren comprando activos de renta variable, a pesar del riesgo.

Alineado con lo anterior, el dólar cede terreno a nivel mundial. Cotizando en el menor nivel de los últimos dos años, es inevitable una revaluación de los commodities por delante. El oro fue el que picó en punta, pero otro commodities están preparándose para hacer el catch up. Estas son buenas noticias para los países emergentes. Las acciones de estos mercados se encuentran en relación a sus pares norteamericanas cerca de un mínimo histórico.

Con la renta fija desarrollada fuera de cualquier portafolio racional y con las acciones estadounidenses con valuaciones difíciles de justificar en comparación a sus ratios históricos, quizás sea el momento de comenzar una gran rotación hacia activos de mayor riesgo que puedan compensar la incertidumbre de los grandes desafíos que le depara al mundo hacia adelante.

En este escenario tan impredecible como el actual, los inversores deben ser capaces de mostrar flexibilidad y romper con las estructuras tradicionales que fueron consideradas de excelencia y buenos retornos en el pasado.

 

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