Por qué el inversor no debe preocuparse por las elecciones en USA

Si algo le faltaba a este tan particular año 2020 era, ni más ni menos, la dosis de volatilidad política que imprimen las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Las mismas se celebrarán el próximo 3 de noviembre y las encuestas marcan una leve ventaja del candidato demócrata Joe Biden por sobre Donald Trump.

Cualquier reporte de inversión que se lee por estas horas tiene un denominador común respecto este tema: a medida que nos acercamos a la fecha de la elección la volatilidad e incertidumbre se incrementará.

No desconozco en absoluto la trascendencia de esta elección. Tampoco quiero ir en contra del consenso de los principales analistas del mercado. Sin embargo, invito a tomarse una pausa y mirar este evento desde otra perspectiva.

La historia muestra que las elecciones presidenciales en economías desarrolladas, principalmente como la de Estados Unidos, no revisten el riesgo de un cambio sistémico de acuerdo a quién resulte el candidato vencedor en la contienda. Hay instituciones y direcciones que no se discuten, ya que el respeto por la inversión, la seguridad jurídica, la justicia, la división de poderes y muchos aspectos adicionales ya cuentan con un acuerdo implícito por parte de la sociedad desde hace décadas. Entiendo que para los que vivimos en países emergentes o sub-desarrollados, como el caso de Argentina, las elecciones presidenciales se viven como una cuestión de vida o muerte. El resultado electoral influye drásticamente en el modelo de país que regirá y eso impide tener una planificación de largo plazo.

En el mundo desarrollado, no funciona así.

En las elecciones actuales en Estados Unidos están en juego determinados matices que pueden tener un impacto tangencial en determinados sectores. Y esto es lo que debemos prestar atención como inversores si es que tenemos un posicionamiento en empresas que eventualmente puede ser favorecidas o perjudicadas con alguna política puntual que podría aplicarse por parte de quien ocupe el sillón de la Casa Blanca a partir de enero de 2021.

Más allá de eso, no hay un cambio de paradigma para el andar de Estados Unidos, gane Biden o Trump. Y no es una opinión personal sino que así parece ser de acuerdo a la historia del comportamiento del mercado estadounidense durante el año de las elecciones y los primeros 12 meses de gobierno del candidato electo.

Desde 1928 hasta el 2016, se han verificado 23 elecciones presidenciales en Estados Unidos. El S&P 500 ha rendido, en promedio, un 11,3% en años electorales. Y solo en 4 de los 23 de estos años, el mercado ha dado resultados negativos, destacándose el 2008 que se encontraba atravesado por la grave crisis de las hipotecas subprime.

Al momento de escribir este artículo, el S&P 500 acumula una mejora de tan solo 3,8%, lejos de los retornos promedio anuales que mostramos anteriormente. Desde ya, no hace falta aclarar que en ninguno de los años anteriores el mundo estaba atravesado por una pandemia, además de que los retornos pasados no garantizan rendimientos positivos a futuro.

Pero lo más atractivo es lo siguiente…

En el año siguiente posterior al de las elecciones, el S&P 500 rindió un promedio de anual de 10,3%, apenas por debajo de ese 11,3% que se verificó en los años electorales. También acá, en solo 4 ocasiones el mercado rindió negativo al año siguiente de las elecciones. Y esto se dio a pesar de la existencia de fuertes contrastes entre candidatos que derivaban pujas redistributivas crecientes en el relato de demócratas vs. republicanos.

Lo que nos deja en claro lo anterior es que siempre termina prevaleciendo la economía por sobre los matices políticos que puedan surgir a partir del nuevo partido gobernante o la continuidad del actual. Si la economía funciona, el mercado lo refleja positivamente. Y como en Estados Unidos las estructuras de fondo no se revisan con cada cambio de presidente, como inversores de mediano plazo debemos observar la tendencia de la economía para la toma de decisiones, dejando de lado la politiquería o peleas de campaña que tienen un impacto en el corto plazo.

Antes de finalizar, dos cuestiones centrales:

  1. La historia de rendimientos pasados no garantiza los futuros, pero nos puede servir de guía para ver determinados eventos de magnitud desde otra perspectiva.
  2. Así como el mercado de Estados Unidos tiende a rendir mejor en el año de elecciones que en el posterior inmediato, hay otros tipos de mercados que se comportan diametralmente opuestos a lo anterior. Una pista: consideren los mercados emergentes para el año 2021.

Caída del dólar obliga a repensar el portafolio

A nivel profesional, me siento un privilegiado. Son muy pocas personas en el mundo las que pueden decir que aman la actividad laboral que desarrollan. Cuando era adolescente, siempre decía que quería ser o jugador de fútbol o un profesional de las finanzas e inversiones. Bueno, aquí estoy, disfrutando de lo segundo.

Hace casi 20 años que me encuentro en el mundo de los mercados y todos los días les aseguro que sigo aprendiendo. La tecnología potenció este aprendizaje. En las redes sociales e Internet siempre encuentro cosas nuevas para seguir evolucionando. Y en los grupos de Whatsapp de inversores a los que pertenezco, siempre se arman debates que generan valor y disparan ideas.

Justamente, ayer (31 de julio de 2020) en uno de esos intercambios (más precisamente en el grupo “Bolseritos”), un experimentado inversor disparó un tema de conversación al compartir un artículo que mencionaba que la agencia de calificación Fitch rebajó el panorama de la deuda estadounidense de Estable a Negativo.

No es la primera vez que una calificadora cuestiona la deuda de la principal economía del mundo. El 6 de agosto de 2011, la agencia Standard & Poor’s marcó un hito histórico al rebajar la nota de AAA a AA+. Por ese entonces, S&P señaló que el plan fiscal acordado en el Congreso era débil para estabilizar la dinámica de deuda de mediano plazo.

La evidencia empírica, desde entonces, le dio la razón.

En ese momento, el ratio Deuda / PBI de Estados Unidos se ubicaba en casi 97%. Para el primer trimestre de 2020, ese ratio se ubicó en 107%, a razón de un aumento de un 1% por año. En palabras simples, los datos sugieren que durante la última década la deuda creció a una velocidad más rápida que la actividad económica.

Con el impacto de la Covid-19, estimaciones privadas alertan sobre un deterioro más significativo aún. Fitch espera que para finales de 2021, la deuda represente el 130% del PBI estadounidense, haciendo el camino futuro poco sustentable.

Vaya casualidad, hay datos realmente muy semejantes entre lo que estamos viviendo hoy respecto lo ocurrido en 2011 cuando S&P avanzó en la rebaja de calificación a la principal potencia del mundo.

  1. El problema del endeudamiento no se circunscribe solo a Estados Unidos. En 2011, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (Spain) se hicieron conocidos por el acrónimo PIIGS (“Chanchos”) ya que su elevado nivel de deuda pusieron en jaque a la continuidad de la Unión Europea por aquel entonces. En la actualidad, me animo a decir, que gran parte del mundo desarrollado tendrá problemas de endeudamiento con ratios bien instalados por encima del 100%. Si antes teníamos serias dudas sobre quién iba a pagar esos bonos soberanos, ahora ni les cuento.
  2. Las tasas de interés de los principales bancos centrales del mundo se encontraban en niveles mínimos históricos: 0% en el Banco Central Europeo y un rango de 0% a 0,25% para la tasa testigo de la Reserva Federal. Hoy tenemos la misma situación.
  3. El oro alcanzando el máximo nivel histórico en términos nominales. Por 2011, la onza llegó a un máximo de USD 1.900 intradiario, mientras que hoy el metal se instala bien por encima de ese nivel y a las puertas de los USD 2.000.

Todas similitudes que no son coincidencia, sino que pueden estar marcando cambios estructurales en las relaciones geopolíticas por delante.

Cómo sigue hacia adelante la película

La cantidad de dinero emitida en el mundo no tiene precedentes en la historia moderna.

Una muestra de lo anterior es la hoja de balance de la FED. En septiembre de 2008, el banco central estadounidense contaba con USD 905.000 millones en activos. Para febrero de 2020, esos activos sumaban USD 4.100.000 millones. En términos relativos, crecieron un 353%. Sin embargo, nominalmente lo que tardó en expandirse en casi 12 años, en la actualidad se expandió en apenas cinco meses. Y más emisión parece estar por venir.

Esa innegable lluvia de dólares explica, en gran parte, el rally reciente de la renta variable, la cual está en terreno récord histórico nuevamente. En un mundo a tasa 0% y con expectativas de inflación crecientes a futuro, los inversores se cubren comprando activos de renta variable, a pesar del riesgo.

Alineado con lo anterior, el dólar cede terreno a nivel mundial. Cotizando en el menor nivel de los últimos dos años, es inevitable una revaluación de los commodities por delante. El oro fue el que picó en punta, pero otro commodities están preparándose para hacer el catch up. Estas son buenas noticias para los países emergentes. Las acciones de estos mercados se encuentran en relación a sus pares norteamericanas cerca de un mínimo histórico.

Con la renta fija desarrollada fuera de cualquier portafolio racional y con las acciones estadounidenses con valuaciones difíciles de justificar en comparación a sus ratios históricos, quizás sea el momento de comenzar una gran rotación hacia activos de mayor riesgo que puedan compensar la incertidumbre de los grandes desafíos que le depara al mundo hacia adelante.

En este escenario tan impredecible como el actual, los inversores deben ser capaces de mostrar flexibilidad y romper con las estructuras tradicionales que fueron consideradas de excelencia y buenos retornos en el pasado.

 

¿Despega Latinoamérica?

Los últimos tres años no han sido de los más brillantes para Latinoamérica en términos de crecimiento económico e inversiones bursátiles. Las causas de la más débil performance económica tuvieron que ver principalmente con cuatro efectos:

  1. Las economías emergentes más pujantes, que se encuentran fuera del continente, disminuyeron su velocidad de crecimiento, como fue el caso de China y Rusia. Sólo India fue capaz de mantener un ritmo de crecimiento estable.
  2. Brasil, principal referencia de la región por el tamaño de su economía, tuvo la recesión más importante de su historia entre 2015 y 2016.
  3. El populismo latinoamericano, que gobernó muchos países de la región, comenzó a resquebrajarse con un alto impacto económico para los PBI de sus naciones.
  4. El banco central de los Estados Unidos, la Reserva Federal, comenzó a subir las tasas de interés después de 6 años de niveles de costo de dinero cercano al 0%.

Un futuro para ilusionarse

Varios aspectos cambiaron positivamente para pensar que lo peor para la región fue dejado atrás y que las expectativas más optimistas para el año entrante están más que justificadas.

Por un lado, la desaceleración de la economía China, una de las principales aliadas del comercio exterior latinoamericano, ha sido menos brusca de lo esperado, permitiendo readecuar las expectativas pesimistas sembradas inicialmente.

En segundo lugar, la política monetaria acomodaticia y gradualista que la FED viene mostrando permitió moderar el temor del encarecimiento acelerado del crédito para la región, lo que también tuvo su correlato en una caída del dólar a nivel mundial y un sostenimiento de los precios de las materias primas en niveles razonables para las naciones productoras.

Finalmente, existe un factor claramente político en la región: se visualiza un evidente giro hacia partidos gobernantes de centro desde el populismo. El punto de partida fue el de la presidencia de Mauricio Macri en Argentina, seguido por Michel Temer de Brasil y el favoritismo de Piñera en Chile.

Todo este combo permitió que hasta el FMI vea con mejores ojos las perspectivas para la región, mejorando las proyecciones de crecimiento:

Como la historia económica lo marca, los mercados financieros han venido anticipando este cambio y punto de inflexión en las economías latinoamericanas. Siempre las bolsas se adelantan a los ciclos económicos, sean expansivos o recesivos, ya que tienen la posibilidad de reflejar las expectativas inmediatamente en el precio de los activos financieros.

Así es como el Índice MSCI de Mercados Emergentes acumula una mejora de 66% desde el 31 de diciembre de 2015 que compara con el 22% acumulado del índice S&P500.

A pesar del alza, el mencionado índice MSCI de Latinoamérica está aún un 38% por debajo del valor que mostraba el mismo en abril de 2011, el mejor momento desde la salida de la crisis de 2008.

Una de las maneras más diversificadas de jugar la historia del “renacer” latinoamericano es a través del ETF ILF, compuesto por las 40 principales empresas de la región considerando su capitalización bursátil.

Pero también los mercados bursátiles permiten apostar a la recuperación puntual de una economía de la región que tiene mejores perspectivas por sobre otras. En este sentido, la mejor forma de poder invertir potenciando las ganancias es a través de los ETF individuales de cada país.

El listado se puede ver a continuación:

La historia de Latinoamérica es una que recién está comenzando. Solo es cuestión de elegir el momento concreto (timing) para saber cuándo ingresar y apostar al despegue de la región.

5 gráficos que explican el efecto Trump sobre Argentina

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales en Estados Unidos del 8 de noviembre último sorprendió a propios y a extraños. Y más allá de la incertidumbre que genera de cara a futuro, en el corto plazo este evento político está teniendo mucho más impacto negativo en los mercados emergentes que en el propio Estados Unidos.

En este sentido, Argentina está siendo uno de los países más damnificados por la Revolución Trump, al menos en el corto plazo. Para entender bien lo que pasa, veamos los siguientes cinco gráficos.

1- El derrumbe del Merval

merval

El índice Merval, principal indicador bursátil argentino se derrumbó un 8,6% en los últimos 3 días, mostrando la aversión al riesgo de los inversores sobre las economías emergentes y empeorando las condiciones financieras domésticas.

2- Posible cierre de mercados comerciales

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La acción de San Miguel (SAMI), principal exportadora de limones del mundo, cayó 22,6% en estos últimos tres días. Y no se trata de una caída de una acción particular, sino que refleja las dificultades comerciales que podrían regir entre Trump y Macri en el futuro. El Gobierno había anunciado la vuelta del negocio de exportación de limones a Estados Unidos y sólo faltaban detalles para concretarlo. Sin embargo, el triunfo Trump puede tirar para atrás esa apertura del mercado y la firma así lo hizo saber. Y no solo la exportación de limones está en juego, sino la de carne y otros productos primarios.

3- El salto del Real Brasileño

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La salida de fondos de los mercados emergentes han generado fuertes presiones cambiarias en Latinoamérica, sobre todo en nuestro principal aliado comercial como Brasil. El real se depreció un 7% desde el miércoles al viernes. Esto pone presión a la competitividad argentina ya que el peso prácticamente no se depreció contra la divisa estadounidense.

4- La soja a la expectativa

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La suerte para los commodities fue dispar, ya que los metales industriales subieron con la esperanza de que el plan de infraestructura de Trump impulse su demanda, pero los agrícolas no tuvieron la misma suerte. La soja, en tres días, cayó un 2,2%. Hay que seguir de cerca esto…

5- Sube el costo del Financiamiento

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Este es el impacto más fuerte, a priori. Trump impulsa tasas de interés más altas para Estados Unidos y la Reserva Federal seguramente subirá su tasa el 14 de diciembre. El retorno de un bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió de 1,85% a 2,15%, el valor más alto desde enero. Para Argentina, que necesita financiamiento de más de US$ 30.000 millones el año próximo, será un costo mayor si persiste esta tendencia.

Veremos cómo sigue esta película, pero la foto a hoy luce poco alentadora en el corto plazo.

El mundo se encamina hacia una recesión

Paradójicamente, mientras la Reserva Federal subió la tasa de interés por primera vez en nueve años, China crece al menor ritmo de los últimos 25 años y el FMI recortó la proyección de crecimiento para el mundo en 2016. El mundo se encamina a una recesión.

Lo venía advirtiendo hace unas semanas. No entendía el apuro de Janet Yellen, presidente de la Fed, por subir el costo del dinero en la última reunión de 2015. Pero finalmente, se sacó las ganas y lo hizo, agregando una pizca de incertidumbre al ya convulsionado mundo de por aquel entonces.

Eso catapultó mayor escepticismo y las bolsas tuvieron su peor comienzo histórico anual, llevando a los índices a terrenos de casi dos dígitos de rojo en la primera quincena de enero.

Hoy los interrogantes son grandes.

El Departamento de Estadísticas de China informó que la segunda economía mundial se expandió a un ritmo de 6,8% en el 4T15 y cerró el 2015 con una expansión de 6,9%. Si bien el dato es superior a los 6,5% que esperaban los analistas, se trata del menor crecimiento de los últimos 25 años.

Eso llevó al FMI a recortar el pronóstico de crecimiento global de el año pasado a 3,1%, al borde de una recesión.

Y para el año 2016, la entidad fue más tajante. Señaló que el mundo sólo crecerá un 3,4% en 2016, bajando su estimación desde el 3,6% previo. Eso es casi una recesión global.

Recordemos que si el mundo crece por debajo del 3%, se considera que esa expansión no es lo suficientemente robusta para incorporar toda la masa nueva de trabajadores, por lo que se considera que cualquier nivel de expansión debajo de esa cifra es una contracción para el globo en su conjunto.

Seguramente el FMI volverá a bajar el pronóstico de crecimiento mundial dentro de cuatro meses.

¿La razón?

Simple. Los motores de la economía se están apagando.

Se el Fondo Monetario Internacional, Estados Unidos se expandirá tan solo un 2,5% en 2016, por debajo de su crecimiento potencial de 3,2%. China se expandirá un 6,3%, continuando con su desaceleración. Y América Latina se contraerá un 0,3%, arrastrado por Brasil con una recesión estimada de 3,5%.

De las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China) solo la “I”, de India, mantendrá un ritmo de crecimiento fuerte de 7,5%.

FMI

El mundo se encamina hacia otra recesión.

Nuevos paquetes de estímulo e incentivos están por venir. Desde los países centrales hasta las economías emergentes como China o Rusia.

¿Lo positivo?

Que el ajuste en el mercado bursátil ya se dio, por lo que los actuales niveles de precios en muchos mercados, especialmente emergentes, ya reflejan esta situación.

Para el inversor osado, es momento de comprar.

No tengo dudas que en dos años vista, me lo agradecerá.

Diego Martínez Burzaco

La salida de Grecia puede ser la solución para la UE

A lo largo de mi vida profesional, tanto como economista o como inversor, adherí en algunos momentos a la tendencia de la corriente contraria al consenso.

Desde ya que no es una conducta que utilizo en todos los casos, pero llevar adelante el ejercicio de ser contrario a una tendencia puede ser muy gratificante en casos puntuales.

Hoy el tema central en los mercados financieros es la elección que se llevó a cabo en Grecia el último domingo y la victoria del partido de “izquierda” en la misma. Rápidamente, al escuchar el discurso del dirigente ganador, los miedos y temores se expandieron por todo el Viejo Continente.

La amenaza griega atacaba de nuevo…

A menos de cuatro años del primer gran rescate de la economía de ese país, el ahora partido gobernante amenaza con tirar a la borda todos los planes de reestructuración y ajuste conseguidos hasta el momento.

El pensamiento consensuado de la gran mayoría de los analistas es que al euro le esperan semanas de mayor turbulencia a la ya causada por la última decisión del Banco Central Europeo de emitir una cantidad innumerable de euros sin precedentes hasta el 2016.

Es una teoría que comparto, pero sólo en el corto plazo.

Creo que la volatilidad persistirá, sin dudas. Pero mirando el mediano plazo pregunto…

¿No es la salida de Grecia la mejor noticia que puede darse para la Unión Europea?

Sin dudas que es un pensamiento contrario al consenso actual, pero mi justificación está basada en lo siguiente…

En lo inmediato, la UE está entre la espada y la pared, así como lo está Grecia también. Por el lado de la región común, los principales tenedores de deuda griega son jugadores “pesados” de las principales economías del bloque.

Exposición a deuda griega

 

Desde ya que esto es un problema grave, sin dudas, ya que un default de la deuda generaría pérdidas cuantiosas.

Pero me hago la siguiente pregunta:

¿Le conviene a la UE tener un país tan desalineado en términos macroeconómicos como Grecia?

Analicemos lo siguiente:

– Mientras que la tasa de desempleo de la zona euro es de 11,5%, esa variable supera el 25% en Grecia.

– Mientras que para la Eurozona el déficit fiscal agregado es de casi 3% del PBI, para el país helénico ese indicador alcanza el 12,2% de su producto bruto.

– Mientras que la relación Deuda / PBI de la UE se unica en torno al 94%, para Grecia esa variable llega a 175%.

Y así sucesivamente…

Internamente muchos saben, y coincido, que por más rescate y reestructuración de deuda que se haga a la economía griega, la misma no podrá despegar mientras no haya un cambio estructural.

Y quizás ese cambio estructural sea salir de la UE, con los costos políticos y económicos que trae aparejado.

Pero para la UE quizás es el momento de cortar financiamiento, hacer efectiva la pérdida hoy y evitar que la misma se haga un efecto “bola de nieve” con costos muchos mayores a los actuales.

Una salida de un país del bloque común puede ser un ejemplo aleccionador para el resto de los países que intenten vivir de prestado y en la sobreabundancia.

Póngase un instante en el lugar contrario al consenso y verifique que es lo más conveniente pensando en el largo plazo.

Luego, emita una opinión.

 

 

¡Volvió la guerra de monedas!

 
Se cerró una semana con mucha actividad y novedades en el escenario geopolítico global, sobre todo por las decisiones de política monetaria de los principales bancos centrales del mundo.
 
Hacía mucho tiempo que no ocurría esto.
 
Cuatro bancos centrales fueron protagonistas excluyentes de la escena internacional. Dos de países desarrollados y dos de países emergentes.
 
Presentaremos lo anunciado por las entidades bancarias por el grado de sorpresa creciente que tuvieron estas decisiones sobre los participantes del mercado.
 
Estados Unidos
 
Como era previsible, en la reunión del Comité de Política Monetaria, la Reserva Federal de ese país anunció el fin del programa de estímulo monetario parte III, o como se lo conoce en la jerga bursátil Quantitative Easing III (QE III).   
 
¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie?
 
El banco central de Estados Unidos no inyectará más dólares para comprar bonos, hacer subir los precios de los mismos y bajar el interés. Al no existir esa demanda artificial de bonos, las tasas de interés comenzarán a subir gradualmente, no solo en ese país, sino que el encarecimiento del financiamiento se exportará al exterior.
 
Repito, será un proceso gradual. Pero hemos visto un punto de inflexión y el dólar se fortaleció por este motivo a nivel global.
 
Brasil
 
Sorpresivamente, y un día después de la reelección de Dilma Rousseff, el Banco Central de ese país decidió subir la tasa de interés de referencia (Selic) en un cuarto punto porcentual hasta el 11,25%. Con una inflación en torno al 6,25%, la tasa de interés real se ubica en 5%.
 
Si un brasileño invierte en un plazo fijo a esa tasa a un año de la plazo, cuando retire su dinero incrementará su poder de compra en un 5% con la inversión.
 
Pero el real objetivo detrás de esta movida fue frenar el descontento de los mercados e inversores con la reelección de la candidata oficialista, tratando de seducirlos con una tasa de interés mayor y evitar que salgan capitales al exterior presionando al valor del real.
 
Durante esta semana, el objetivo se cumplió porque se logró estabilizar el real en nivel de BR$ 2,45 / BR$ 2,50. Veremos como continúa en el futuro.
 
Rusia
 
La masiva salida de capitales en Rusia obligó al Banco Central a subir drásticamente la tasa de interés del 8% al 9,5%. Pese a que la semana finalizó algo mejor, el rublo ruso acumula una depreciación mayor a 25% en el año, siendo una de las monedas emergentes más castigadas por la coyuntura.
 
El fortalecimiento del dólar y la caída del precio del petróleo, principalmente, continúan presionando la moneda rusa y las perspectivas lucen desafiantes.
 
Japón
 
Si el anuncio realizado por el Banco Central de Japón en abril de 2013 de duplicar la base monetaria en el término de dos años no había sido suficiente, en el día de la fecha la entidad subió ese objetivo en un 15% adicional.
 
Este anuncio de yenes para todos sorprendió positivamente a todos y motivó una rally alcista no sólo de la Bolsa japonesa (casi 5%) sino de Europa y Estados Unidos, cerrando nuevamente en máximos históricos.
 
El dato a considerar es que tras el anuncio el yen perforó la barrera de 112 yenes por dólar y alcanzó su menor nivel en los últimos siete años.
 
El objetivo es sacar definitivamente a la economía de la parálisis causada por el proceso deflacionario deprimente que atraviesa la economía en las últimas dos décadas.
 
 
Tres conclusiones importantes se desprenden de estos movimientos:
 
1- La guerra de monedas está de vuelta y es probable que empecemos a ver tensiones comerciales en breve entre Estados Unidos y las otras potencias globales que vieron sus monedas depreciarse fuerte contra la divisa estadounidense.
 
2- La depreciación de las monedas emergentes podrían dar lugar a incipientes procesos inflacionarios.
 
3-  El precio de las acciones globales podría seguir sostenido mientras continúe la fiesta de la emisión monetaria en el mundo desarrollado. Hoy Japón, ¿mañana Europa?

La paradoja de la FED: sube absolutamente todo!

Después de unos meses de dejar desatendido este blog he decidido volver a tomar el toro por las astas y comenzar a revivirlo con contenido propio.
 
Si bien ha pasado mucha agua bajo el puente en la economía global desde mi último post, lo que prácticamente no se ha modificado es la tendencia de los dos mercados más importantes de los Estados Unidos: el de acciones y el de bonos.
 
La tendencia fue claramente alcista.
 
Cuando promediaba mis estudios universitarios, dando mis primeros pasos en el aprendizaje de la economía y las finanzas, recuerdo haber leído en más de una oportunidad, en libros de textos o papers, a más de un prestigioso economista y/o analista de mercado señalar el comportamiento opuesto que históricamente mostraban las acciones y los bonos del Tesoro estadounidense.
 
El argumento principal era el siguiente:
 
“Cuando los inversores sienten el riesgo y tienen en pánico, es lógico ver un movimiento masivo de venta de acciones (haciendo retroceder a los mercados) que fluye a los bonos del Tesoro estadounidense, incrementando su demanda, haciendo subir sus precios y disminuyendo sus rendimientos. Estos activos son utilizados como un refugio seguro hasta tanto pase el vendaval que originó la venta de acciones. De esta manera, mientras que los mercados de acciones bajan, el mercado de los Treasuries sube. Es decir, se mueven en dirección opuesta.
Con el mismo razonamiento, cuando observamos una mayor tolerancia al riesgo de los inversores, se produce el movimiento contrario. Se venden los bonos del Tesoro, sus precios caen, para comprar acciones, generando una suba en las bolsas. Nuevamente, ambos mercados se mueven en dirección opuesta.”
 
Hasta aquí todo muy entendible e intuitivo.
 
Pero entonces cómo explicamos el siguiente gráfico entre el S&P 500 (rojo) y el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años (azul):
 
 
En los últimos 5 años, el S&P 500 duplicó su valor y alcanzó un récord histórico. En el mismo período, el rendimiento del Treasury a 10 años bajó casi un 25% (o lo que es lo mismo, el precio de los bonos subió).
 
Esto quiere decir que tuvimos tanto un bull market en acciones como en bonos, contradiciendo la teoría mencionada anteriormente.
 
¿A qué se debe?
 
Pura y exclusivamente a la Reserva Federal. La extraordinaria política monetaria expansiva ha generado, por un lado, una deflación en los rendimientos de todos los instrumentos de renta fija del mercado, incluidos los bonos del Tesoro americano. Por otro lado, ha generado una gran inflación en los precios de los activos financieros de la categoría de renta variable (acciones). De esta manera, ambos mercados (acciones y bonos) tuvieron una fabulosa expansión alcista.
 
¿Es acaso racional esto? Para lo que se había vivido antes de la crisis de 2007 claramente no lo es. Sin embargo, ahora parece el estado más lógico y “normal”.
 
De cara al futuro, los agentes actúan pensando que esta política de la Reserva Federal se mantendrá para siempre (o al menos por un período de tiempo relativamente largo). Esto es lo que aumenta los riesgos de cara al futuro.
 
Si no es un inversor cortoplacista y se focaliza más allá de dos o tres años vista, una estrategia “racional” a ejecutar sería apostar a la vuelta de la “antigua normalidad” en términos de rendimientos de los bonos del Tesoro.
 
Allí, jugarle a una baja en estos instrumentos no sería alocado. 
 
Al menos, con una parte de sus ahorros.