Dime lo que piensas y te diré dónde inviertes

Ingresamos en la última etapa de este 2021. Si hay algo que todos celebramos es haber vuelto, al menos parcialmente, a recuperar cierta normalidad port-pandemia. Si bien el futuro es impredecible, por el momento se han vivido algunos meses con mayor libertad y sensaciones de que lo peor de la pandemia lo hemos dejado atrás.

Pese a esto, quedan desafíos extremadamente grandes hacia adelante, sobre todo para la economía global y los inversores. Hasta la fecha, y al momento de escribir esta columna, los mercados de Wall Street transitan nuevos máximos históricos y acumulan ganancias de dos dígitos. Si bien es cierto que la historia juega a favor (siempre el primer año de mandato del nuevo presidente en Estados Unidos ha sido bueno en términos de mercado), el andar de las bolsas ha sido dispar, alineado con la divergencia en la recuperación de las economías globales.

Mientras que el índice S&P 500 acumula una mejora superior al 25%, el principal índice de mercados emergentes cae 0,5%. Acá, las estadísticas históricas, no se cumplen: siempre el año posterior a las elecciones presidenciales estadounidenses los mercados emergentes tuvieron un claro outperformance respecto el equity norteamericano.

Pero no solo surgen diferencias a nivel regiones o países. Sino que también hay una especie de “grieta” en torno a una variable extremadamente delicada (y nueva para estos tiempos) que puede condicionar la forma en que invertimos: la inflación.

No hay un consenso único ni en el mercado ni entre los hombres de negocios sobre el andar del alza de precios hacia adelante. Si hay una cosa que queda claro, es que los bancos centrales globales, con la FED a la cabeza, han subestimado este fenómeno. El presidente de la FED, Jerome Powell, se cansó de hablar de transitoriedad de la inflación durante meses. La evidencia de su diagnóstico equivocado quedó en evidencia con el inicio del tapering este mes de noviembre.

Pero hace unos días, el debate sobre el andar inflacionario se dio abiertamente en el mundo de los negocios. Jack Dorsey, CEO de Twitter (TWTR) indicó que la “hiperinflación estará entre nosotros y cambiará dramáticamente la forma de hacer negocios”.

Rápidamente la portfolio manager “estrella”, Cathie Woods, salió a contrarrestar esa tesis, señalando que veía muy parecido el actual proceso inflacionario al de la salida de la crisis subprime y que la productividad y tecnología llevarán a un descenso marcado de la inflación.

En el medio, por si faltaba alguien, el ícono Elon Musk sentenció que no compartçia ninguna de las dos posturas, aunque “claramente la inflación es más alta ahora y que nadie puede saber con exactitud lo que ocurrirá en el futuro.”

Lo cierto, es que el escenario está plagado de incertidumbre hacia adelante.

Y vos, ¿de qué lado estás?

Claramente que las dudas de los hombres de negocios son las mismas que invaden a gran parte del universo inversor. Pero en función de lo que piense uno u otro sobre el andar futuro de esta variable es cómo va a determinar su portafolio de inversión.

Claramente que quienes se sienten más cerca de Cathie Woods, administradora de los fondos ARK, tendrán en su portafolio una ponderación bien importante de empresas disruptivas, tecnológicas y con gran potencial hacia adelante.

En tanto, quienes tienen más puntos en común con el CEO de Twitter, seguramente estén mucho más sesgados hacia la exposición en sectores que lo han hecho bien en períodos de alta inflación, como es el de consumo básico real estate.

Lo interesante es que en Portafolio Sin Fronteras tenemos un balance que combina ambas posiciones y así lo seguiremos haciendo hacia adelante. Pero más interesante aún, esto lo discutiremos el próximo miércoles a las 22hs en nuestro encuentro mensual. Si no formás parte, todavía estás a tiempo suscribiéndote acá.

Como todo en la vida, y tal cual lo indicaban los libros de mi infancia, elige tu propia aventura.

¿Puede haber hiperinflación en el mundo actual?

¿Hay peligro de hiperinflación?

Hace unos meses atrás, mientras los países centrales reabrían sus economías tras la exitosa vacunación, comenzamos a escuchar con mayor frecuencia la palabra inflación. Ese concepto, no encontrado en la evidencia empírica global desde la década del ’80, comenzó a generar cierta preocupación. Con el correr de las semanas, y más cercano en el tiempo, comenzó a escucharse muy tímidamente la palabra hiperinflación.

¿Acaso estamos en las puertas de un escenario de esa magnitud para el mundo?

Vamos por partes y dejame mostrarte lo que pienso.

Previo a la pandemia, hubo una clara demostración acerca de cómo el mundo podía crecer, desarrollarse y sortear con éxito el mayor consumo global sin tener una repercusión relativamente fuerte sobre la inflación. La productividad, con la tecnología como driver principal, creció sin parar en las últimas dos décadas, permitiendo que la oferta de bienes y servicios corra tan o más fuerte que la demanda.

Además, la expansión de la competencia en distintos ámbitos de negocios ayudó para mantener una provisión de excelencia a precios realmente competitivos para el bolsillo del consumidor.

Así, el mundo transitaba a una velocidad crucero de 3% de inflación promedio que el 95% de los países disfrutaba sin necesidad de exigir el poder adquisitivo de sus ciudadanos.

Sin embargo, pandemia mediante, hubo cambios en las reglas de juego que parecen haber alterado fuertemente las expectativas inflacionarias hacia adelante. Principalmente identificó tres elementos centrales en la post pandemia que están contribuyendo a generar esta sensación de que los precios al consumidor no tienen límites a nivel internacional.

1- El impacto monetario es algo que no podemos soslayar en el análisis actual. Vivo en Argentina, un país que claramente se ha gobernado con un desmanejo de la política monetaria sin precedentes en los últimos 50 años (con la excepción del sistema de Convertibilidad en el medio), lo que trajo aparejado un repudio generalizado por la moneda doméstica. En el mundo estamos atravesando algo similar, con una gran cantidad de dinero fiduciario emitido por parte de las potencias centrales, que han generado una desconfianza generalizada en la tendencia futura de esas monedas. Además, se observa en el horizonte un temor generalizado de los banqueros centrales a comenzar a retirar parte de este estímulo monetario por temor a que “sea demasiado pronto” sin afectar la recuperación global. Esa indefinición afecta la confianza en las monedas.

2- La extrema política fiscal expansiva de los países ha generado un tremendo impacto negativo sobre los incentivos. Se puede observar cómo muchos mercados de trabajo, especialmente el de Estados Unidos, se encuentran con una demanda abundante de las empresas, producto de la recuperación, y una escasez en la oferta laboral nunca antes vista a partir de los planes de ayuda social y de bienestar que repartieron los gobiernos y que compiten con los empleos de menor calificación y salarios. Esto ha llevado a que las empresas tengan que ofrecer salarios mayores para contratar empleados y ese costo salarial, tarde o temprano, va a ser trasladado a los precios del consumidor final.

3- Finalmente, el mundo post-pandemia viene con cambios geopolíticos: por un lado, los países no están tan dispuestos a comerciar como antes (se observan algunas tendencias proteccionistas); por el otro, las cadenas de proveedores globales está alterado, con grandes disrupciones y con un crecimiento de los costos de fletes marítimos globales que realmente presionan los precios globales y generan tensiones internacionales.

A esto, se le suma una segunda ronda inflacionaria que vienen por los precios internacionales de los commodities, con los de energía subiendo 70% en lo que va del año y los industriales en torno a 40%. Limitaciones en la oferta y defensa de los precios por parte de los oligopolios aseguran una inflación más permanente que transitoria para los próximos meses.

Así, no nos puede sorprender que los precios al consumidor minorista haya estado por encima del 5% interanual por cinco meses consecutivos en Estados Unidos. Además, los precios al productor (mayoristas) están por encima del 8% interanual en la principal economía del mundo y de 10% en China.

Así, comienzan a alzarse las voces de importantes personalidades globales alertando sobre los procesos inflacionarios. Solo por nombrar a algunos se encuentran Warren Buffett, Ray Dalio, Bill Gates. Pero, además, las empresas cotizantes que van presentando sus balances trimestrales hace alusión a la palabra inflación con mayor frecuencia para justificar la caída de márgenes o alertar sobre su rentabilidad futura.

¿Podemos estar ante un proceso de hiperinflación global como el de la crisis del ’70?

Particularmente no lo veo aún, pero hay algunas señales que tenemos que seguir de corto plazo.

En primer lugar, los bancos centrales globales deben reaccionar ya mismo para evitar el mayor desprestigio contra las monedas fiduciarias. Caso contrario, seguirán fluyendo el dinero hacia activos alternativos (commodities, acciones, criptomonedas, etc.).

En segundo lugar, las tensiones geopolíticas no deben escalar. En caso contrario, tendrá impacto en las cadenas de provisión globales con efectos negativos sobre la inflación global.

Finalmente, es importante seguir la dinámica entre incentivos, planes de bienestar social y costos laborales. Mientras que las señales no vayan en la dirección correcta, hay un peligro latente de que el costo salarial escale con fuerza que sea inevitable su traspaso a los precios finales de bienes y servicios.

Desde ya, que todo esto tiene un impacto significativo en cómo pensamos de manera inteligente una estrategia de inversión para el portafolio personal. Considerar estas señales o no será una decisión personal que puede tener un impacto económico sobre el patrimonio individual.

La verdad sobre la caída de Facebook

Casi 7 horas estuvieron las plataformas relacionadas con Facebook durante este lunes 4 de octubre. Se trató de la mayor caída offline desde 2008, aunque por ese entonces tenía “sólo” 80 millones de usuarios. En esta ocasión más de 2.300 millones de usuarios fueron afectados si consideramos las plataformas de Facebook, Instagram y Whatsapp.

Las acciones de Facebook (FB) cayeron un 4,89%, con el doble de volumen negociado que el promedio de los últimos 10 días. ¿Acaso esta pérdida de US$ 47 mil millones de capitalización de mercado de la firma en un sólo día se debió a este apagón?

La respuesta es NO, a pesar de que gran parte de la prensa internacional manifestó lo contrario.

Paradójicamente, la jornada bursátil de Facebook ya se presumía iba a ser muy complicada durante la apertura de este lunes ya que la obra maestra de Mark Zuckerberg se encontraba bajo ataque.

A priori, FB está en el centro de la escena por la privacidad de los datos de sus usuarios. En un foro de hackers, aseguran que están a la venta más de 1.500 millones de datos personales de usuarios de la red social. Esto ya había sido objetado anteriormente cuando en abril de este año unos 500 millones de datos de usuarios fueron expuestos.

Sin dudas que hay severas fallas de seguridad en Facebook y cualquier otra red social donde los usuarios postean activamente fotos e información personal privada. Ocurrió antes, ocurrirá ahora y continuará pasando en el futuro. Los usuarios son conscientes que, una vez subida una imagen o alguna información personal de manera voluntaria, la misma puede estar sujeta al robo por parte de los hackers.

Lo anterior sirve para apuntalar el discurso global de los principales gobiernos del primer mundo en contra del gran poderío internacional que tienen estas mega empresas tecnológicas. La necesidad de buscar más recursos fiscales para enderezar las muy debilitadas arcas oficiales encuentran en las big tech el botín perfecto para avanzar contra ellas.

Así, Facebook se ha transformado en el actor principal para recibir hostigamientos y controles por venir de parte del poder político que necesita librar esta batalla y buscar recursos adicionales.

¿Por qué se da esto?

Básicamente porque los países centrales quedaron fuertemente desequilibrados tras el paso de la pandemia. Tomando Estados Unidos los números están a la vista:

1- La hoja de activos de la FED se duplicó en 18 meses.

2- La inflación escala al nivel más elevado de la última década, mostrando cuatro meses consecutivos con tasas interanuales por encima del 5%.

3- La relación Deuda / PBI está en niveles de 125%, situación delicada en las puertas de una FED que subirá las tasas en 2022.

Bajo este contexto, con mercados inciertos, mayor volatilidad y activos de riesgo bajo presión, Facebook (FB) ha sufrido fuerte. ¿Qué podemos esperar? Breve análisis a continuación.

¿Tormenta perfecta?

Adicionalmente a todo lo anterior, la acción de Facebook comenzó a naufragar la semana pasada, en medio de una toma de utilidades del mercado en general, cuando señaló que efectivamente el nuevo sistema operativo iOS de Apple tuvo un efecto negativo mayor al esperado en el negocio de ads.

Hace un par de meses atrás, el propio Mark Zuckerberg había señalado que, incluso, ese mismo sistema operativo, que le daba poder a los usuarios a elegir preferencias sobre el seguimiento de sus preferencias, podría lograr mayor eficiencia en el negocio de la firma.

Así, con las sensibilidad del mercado a flor de piel, la acción de Facebook acumula ya una baja de 14% en el último mes. ¿Puede ser una oportunidad? Habrá que conmensurar el daño que le ha hecho iOS al negocio central de la firma, pero sin dudas los ratios son nuevamente atractivos:

– Precio / Ganancia forward: 21,7x.

– EV / EBITDA: 11,9x.

– Precio / Cash Flow forward: 17,6x.

¿Alcanza para ser atractivo? Lo que podemos decir es que, comparado con las otras mega empresas tecnológicas, son ratios que comienzan a ser muy atractivos.

Aprendiendo en los mercados,

Diego

China, ¿bomba de tiempo para los mercados?

Desde hace unas semanas, China se volvió el epicentro de atención de los mercados globales. En este caso, no se trata por su crecimiento a tasas chinas. Tampoco por el enfrentamiento entre el Gobierno central y las grandes corporaciones tecnológicas como Alibaba (BABA)Tencent. En este caso, las visiones se centran en Evergrande, el segundo más grande desarrollador de real estate de ese país.

Hace varios años los analistas se preguntaban si China no podría sufrir un “credit crunch” (ola masivo de defaults corporativos) debido al abultado crecimiento del endeudamiento del mundo corporativo. Las tasas de interés por el piso financiaron una fenomenal expansión del sector privado en base al apalancamiento.

En rigor de la verdad, no solo China ha logrado expandirse con esta mecánica. También grandes empresas europeas y norteamericanas han usado el financiamiento “gratis” a lo largo de la última década, sesgo que trae mucha incertidumbre hacia adelante en un contexto de potencial suba de tasas de interés. Pero a diferencia de lo que ocurre en el contexto del gigante chino, en los países occidentales la información es transparente y al alcance de la mano de todo el mundo inversor.

Lo que ocurre en China, más allá de la actual coyuntura de Evergrande de la cual hablaremos a continuación, es que estamos en presencia de una gran caja negra puertas adentro sobre cómo están interactuando los desequilibrios crediticios dentro de las empresas producto de la gran muralla interna sobre el flujo de información hacia el afuera.

Y todo esto hace que, cualquier amenaza de pinchazo de burbuja en empresas chinas, la magnitud de los impactos son inconmensurables por las esquirlas que puede producir tanto adentro como afuera de los límites del gigante asiático.

La primera señal

Desde febrero pasado, fue el propio Gobierno Popular chino el que indicaba que algo en ese país no estaba bien. El ataque del gobierno hacia el fundador de Alibaba, Jack Ma, no fue más que una pantalla de que la actividad económica comenzaba a crujir.

Hacia el afuera, la señal fue que a pesar de mostrarse capitalista para los negocios con el mundo, el alto perfil de los “nuevos millonarios” chinos no comulgaban con las reglas del comunismo puertas adentro: está absolutamente prohibido levantar críticas en público al poder central.

Jack Ma fue el chivo expiatorio, pero marcó el inicio de un proceso de evitar un “levantamiento capitalista” en la cuna del comunismo y la economía planificada puertas adentro. Además, dejó en claro que, en su propia conveniencia en su momento, el gobierno central dejó ir demasiado lejos la expansión del capital privado para conquistar el mundo.

Estas empresas como Alibaba, Tencent, JD.com, fueron demasiado lejos en su expansión y se mostraban lo suficientemente grandes para comenzar a desafiar el poder político. Bajo la excusa de mayor control contra el crecimiento desmedido y cuasi monopólico de estas firmas, el gobierno intercedió sembrando un manto de fuerte incertidumbre hacia los capitales extranjeros.

Así, las acciones chinas comenzaron, peligrosamente, a marcar una divergencia respecto el mundo emergente, dando señal de que la situación estaba lejos de ser normal. La actividad económica en China se ralentizó significativamente y esto puede hacer crujir, conjuntamente con el enfrentamiento ante las grandes firmas, a la pujante sociedad china.

Claramente, esta divergencia de performance entre el ETF de Acciones de China (FXI) y el principal ETF de Mercados Emergentes (EEM) es una muy mala noticia para este último, en caso de que ese spread no empiece a cerrarse. Y también, es imposible imaginar que los mercados desarrollados, sean europeos o de Wall Street, puedan seguir su rumbo alcista sin importar lo que ocurra con los activos financieros de unos de los motores de la economía global como es China.

¿El próximo Lehman?

Ahora sí hablemos de Evergrande. Algunos señalan que este gigante de desarrollo de real estate chino es el próximo Lehman Brothers que desatará la próxima gran crisis financiera mundial. Cuando leo esto, entiendo que quiere hacerse un análisis comparativo del potencial impacto financiero que pueda llegar a tener una potencial caída de Evergrande sobre los mercados globales como el que tuvo Lehman en 2008.

De todas formas, son cosas distintas. Mientras que el banco de inversión estadounidense estaba lleno de producto estructurados difíciles de entender que tenían como colateral (garantía) final gran cantidad de hipotecas de baja calidad, en el caso de Evergrande es la propia empresa la que está plagada de deuda propia que no puede pagar.

Se presume que este desarrollador chino, que tomaba préstamos muya caros que vendía tierras y proyectos inmobiliarios aún más caros, debe aproximadamente unos USD 300.000 millones. Es una cifra totalmente impagable para su situación financiera actual, con una caja disponible menor a los USD 5.000 millones según cálculos recientes.

Cuando las propiedades dejaron de subir, la bicicleta dejó de pedalear y Evergrande se encuentra en una situación insostenible a futuro. Esto puede generar un caos no menor en el corazón de los bancos más expuestos a este tipo de créditos.

Sin dudas, estamos ante una situación que no puede tener un final feliz. Pero el impacto sobre los mercados dependerá de cuál de estos dos caminos asuma el Gobierno chino:

1- Deja caer a Evergrande, adoctrinando al resto de las empresas privadas que se apalancaron mucho más de los límites impuestos por el propio gobierno, dando un ejemplo sobre la dirección del país al respecto, aún asumiendo los inconmensurables costos que puede provocar esta decisión.

2- El Gobierno interviene la empresa, se queda con el control mayoritario y salva un colapso masivo negociando con acreedores, aunque eso puede ser una señal de debilidad hacia adelante, enviando mensajes de riesgo moral para otras empresas en igual situación de asfixia financiera que podría descansar en la idea de mantener los desequilibrios actuales ya que siempre aparecerá la mano del Estado como luz al final del túnel.

Durante la crisis de 2008, el Gobierno norteamericano, hasta entonces impensado, llevó adelante las dos soluciones. Primero dejó caer a Lehman Brothers para dar un mensaje de que no saldría al rescate de ninguna entidad, las cuales debían hacerse cargo de sus irresponsabilidades. Cinco días después, cuando la mayor aseguradora del mundo, AIG, iba camino al colapso, el Tesoro norteamericano salió al rescate masivo de todo el sistema financiero.

Los meses después sabemos lo duro que fue para el mercado y la economía global. También, quedó en evidencia los grandes negocios para el portafolio que surgieron a partir de ese momento.

Cautela, prudencia, liquidez y paciencia para aprovechar oportunidades parece que son características comunes que cualquier inversor debe tener en los tiempos actuales.

Aprendiendo en los mercados,

Diego.