El fin del default y el impacto en el ciudadano común

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Finalmente estamos cerca del final del denominado «Juicio del siglo» que duró 15 años. Los actores principales fueron los fondos buitres, la Argentina y el juez Thomas Griesa. ¿Cómo impacta un acuerdo entre las partes en tu vida habitual? Intentemos descifrarlo acá.

Fin de un capítulo.

Es hora de dar vuelta la página del default más grande y largo de la historia. Todo tuvo su origen en 2001, cuando diputados y senadores argentinos aplaudían de pie la decisión del por aquel entonces presidente argentina, Adolfo Rodriguez Saa, de no pagar la mal llamada deuda externa.

En esa deuda, no solo había acreedores extranjeros, sino ahorristas y jubilados argentinos que compraron de buena fe bonos argentinos para ahorrar, confiando en el país y que le dieron vuelta la cara con un aire de soberbia impensado.

15 años tardó en resolverse el conflicto con la totalidad de los acreedores. Una eternidad. Fue más por decisión política que económica el no hacerse cargo del problema, pero sin dudas los costos han sido abultados para el país.

Sobre todo porque coincidentemente mientras Argentina tenía el acceso restringido al financiamiento externo, las tasas de interés del mismo se ubicaron en mínimos históricos. Brasil, Bolivia y Paraguay colocaban deuda al 3%, 4% y 5% a 5, 10 y 20 años de plazo. Hasta México llegó a colocar un bono con vencimiento a 100 años a tasas ridículamente bajas.

Mientras tanto, Argentina se sacaba de encima al FMI pagándole anticipadamente US$ 10 mil millones de deuda que devengaba una tasa de 4%. Luego fuimos a buscar financiamiento a nuestro «aliado» Venezuela, al que le pagamos una tasa de interés de hasta 15% anual en una colocación de Boden 2015. Cuando se cerró esa vía, por la abrupta caída del petróleo, el país no tuvo mejor idea que descapitalizar al BCRA usando sus reservas internacionales (y haciéndolas caer a más de la mitad) y luego financiar el déficit fiscal con emisión monetaria.

La consecuencia de todo esto es sabida: desvalorización del peso, presión alcista del dólar y mayor inflación.

Pero como señalé, la noticia del día de ayer deja espacio para pensar que el default pronto será historia.

De acá en adelante, es interesante saber qué repercusión tiene esta medida para el ciudadano común, de a pie, que vive su rutina habitual en un país con una economía claramente pendular.

Desde mi punto de vista hay tres implicancias clara que beneficiarán al conjunto de la sociedad:

En primer lugar se abrirá el crédito para Argentina. Y la mejor noticia es que las tasas de interés siguen siendo bajas a nivel global, es decir, estamos a tiempo a aprovechar una situación benévola desde ese punto de vista aunque más incierta desde la óptica del crecimiento mundial. El acceso al crédito no solo se da para el sector público, sino que se irá abriendo para el sector privado también.

Si ese financiamiento se usa adecuadamente, primero para hacer que la transición hacia la solución de los desequilibrios macroeconómicos se haga de manera más ordenada, y luego para ampliar la frontera productiva, el ajuste hacia los trabajadores debería no ser tan brusco. Por el contrario, cualquier nuevo proyecto de inversión, sea de infraestructura o productivo, generará más empleo, beneficiando al conjunto de los ciudadanos.

En segundo lugar puede ser una buena noticia para la inflación. Si bien el Gobierno actual no ha estado financiado el déficit fiscal con mayor emisión monetaria, el hecho de acceder a financiamiento descomprime aún más ese escenario. No digo que financiar el déficit corriente deba ser una práctica usual y de largo plazo, pero hacerlo en el corto plazo para atender los desequilibrios actuales permitirá no emitir más pesos de forma espuria. Y sin más cantidad de pesos dando vuelta, la presión sobre la moneda mermaría y, con eso, las expectativas inflacionarias descenderían.

En tercer lugar se abre una oportunidad histórica para desarrollar el mercado de capitales locales. No es un dato menor, porque es allí es el lugar donde se encuentra el inversor y las empresas y Gobiernos que buscan financiamiento. Si esto se logra de manera sostenida (llevará tiempo) es probable que el ahorrista tenga más oportunidades al momento de decidir dónde poner su dinero. Ya no sólo serán válidas las clásicas opciones de plazo fijo o dólar, sino que se abrirá un abanico de oportunidades.

Más empleo, menor inflación y más oportunidades de inversión es un cocktail que, de covertirse en virtuoso, sacará a la Argentina del estancamiento económico actual.

Diego Martínez Burzaco

 

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