Bonos para todos (y todas…)

Muchas personas piensan que invertir es una locura, casi como jugar al casino. Pero eso se debe, más que nada, a la falta de educación financiera. Hoy te presento un instrumento que puede cambiar tu forma de pensar.

“Romper la inercia”.

Ese es el primer consejo de inversión que le doy a cualquier persona que quiere comenzar a dar sus primeros pasos en el mercado de capitales o, vulgarmente dicho, “la Bolsa”.

Es un camino largo a recorrer, pero si nunca se empieza, la distancia se hace cada día mayor.

¿Pero cómo iniciar con el pie derecho…?

No hay fórmulas mágicas. Siempre hay lugar para el error y aprender de él. Lo ideal sería intentar minimizar el margen de equivocarnos de manera tal de sufrir lo menor pérdida monetaria posible cuando invertimos nuestro dinero.

En ese sentido, uno de los primeros pasos es no limitar nuestro menú para invertir los ahorros sólo en instrumentos tradicionales como pueden ser el dólar o el plazo fijo. Eso es lo que busco en cada columna escrita o contenido generado.

Y si me dejo guiar por el feedback de una última encuesta que realicé en Twitter, creo que de a poco lo estamos logrando:

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Para mi sorpresa, ante mi consulta sobre qué harías si tenés unos ahorros de más, las dos opciones más elegidas han sido bonos y acciones. Desde ya que mis seguidores de Twitter son una muestra sesgada hacia las inversiones y finanzas personales, pero aun así no dejé de sorprenderme.
Una vez que abriste la mente y tu abanico de oportunidades de inversión, lo ideal es avanzar con cautela si estás dando tus pasos iniciales en la materia.
Más allá del perfil de riesgo que tenés como inversor, siempre recomiendo a cualquier ahorrista que su primera inversión en Bolsa sea comprar un bono.
¿Por qué?
Simplemente porque es un instrumento fácil de entender (ya te lo explicó Iván Carrino la semana pasada en este mismo espacio) y su riesgo es limitado.
Como vimos, un bono es un instrumento que permite prestar dinero a cambio de una tasa de interés en un tiempo determinado según los términos pactadas en las condiciones de emisión del bono.
Algo que en Argentina tiene una ventaja adicional…
Esto, porque si el bono está denominado en dólares, un inversor puede comprarlo con sus pesos y, en cambio, recibir pagos en moneda extranjera, permitiendo cubrirse de la siempre amenazante devaluación.
Esto lo resalto porque a raíz de la coyuntura actual, los bonos en dólares continúan siendo mis favoritos en este momento. En Argentina hay una inflación importante, superior al 30% anual, y en la medida en que las expectativas no bajen es probable que esa inflación siga presionando la cotización del dólar.
En esta línea, si la inflación persiste alta, el dólar irremediablemente subirá. No importa determinar a qué velocidad lo hará, pero sí sabemos que su tendencia es alcista en el tiempo.
Entonces, qué mejor que invertir tus pesos en un instrumento que te devuelve dólares y que te paga una tasa de interés en esa moneda. ¡Es el mejor de los mundos!
Y otra particularidad no menor es que si invertís en bonos emitidos por el Estados Nacional, que son los que más liquidez tienen, es decir, los que más se operan en la Bolsa, no necesitás de un gran capital inicial para comenzar.
A partir de los $ 5.000 ya podemos invertir en bonos. Y con esto derribamos uno de los principales mitos que hay en torno al mercado de capitales: “la Bolsa es solo para los ricos y entendidos”.
Mis dos bonos favoritos…
Como te mencioné anteriormente, en la Bolsa hay muchas alternativas ligadas a bonos y otros instrumentos. Para comenzar, voy a presentarte mis dos activos favoritos en la sección “renta fija”:
Bonar 2024 (AY24): Para inversores de riesgo moderado, es un bono atractivo, cuyo cupón de interés es de 8,75% anual. Cada 100 bonos que tengas en tu poder, todos los días 7 de mayo y 7 de noviembre recibirás US$ 4,375 en concepto de interés y a partir de mayo de 2019 comenzarás a recibir cinco cuotas anuales de devolución de capital. El rendimiento actual en dólares de este bono se encuentra en 7,05%.
Discount en Dólares Ley Argentina (DICA): Al ser un bono más largo es para inversores que buscan mayor riesgo. De acá hasta el 2023, cada seis meses recibirás una renta de US$ 5,80 por cada seis bonos que tengas. Luego, en 2024, este porcentaje bajará porque comenzarás a recibir cuotas de capital. Todos los pagos son en dólares billete. Su rendimiento anual actual (TIR) es de 7,69%.
Para empezar, creo que estas dos opciones son atractivas.
Como dije al inicio de esta columna, la clave pasa por romper la inercia.
Es hora que lo hagas.

Argentina: ¿y quién paga esta deuda?

Como economista adhiero a la tesis de que cada decisión de política económica tiene un costo. Esto no oculta nada novedoso. Pero si uno puede hacer mensurable los costos y beneficiosos de cada medida, entonces el ejercicio de arribar a un comportamiento decisorio resulta más fácil: si los segundos (beneficios) son mayores a los primeros (costos), entonces convendría avanzar con la política en cuestión.

Desde lo teórico es muy claro de comprender.

Sin embargo, desde lo práctico, lo tangible o lo real, la situación no es tan esclarecedora. En los últimos dos años principalmente se han adoptado políticas que han traído elevados costos futuros para la Argentina.

Hoy quiere hablar sobre la cuantificación dos sobre costos en particular. Uno vinculado con lo monetario. El otro con la política de endeudamiento del país.

Desde el 2014 en adelante el Gobierno ha decidido pisar a fondo el acelerador de la política monetaria. La emisión de nueva moneda fue una constante desde la autoridad monetaria (BCRA) tanto para aceitar la monetización de la economía como para financiar al Tesoro de manera insospechada.

Todos sabemos que se tomó ese camino, pero cuando analizamos la evolución de la base monetaria la conclusión no parece estar tan clara:

1505_Evolución BM

 

Si consideramos el nivel de base monetario desde el 31 de diciembre de 2013 hasta el 27 de abril del corriente, la misma creció sólo un 18,2%.

Evidentemente no parece un gran salto en términos nominales si consideramos la inflación acumulada de casi 47% entre 2014 y lo que va de 2015. La actual administración podría entonces sentenciar que la cantidad de dinero en circulación, en términos reales, cayó.

Sin embargo, este dato es falaz…

Porque la contrapartida de que la base monetaria no haya mostrado un mayor incremento en términos nominales ha sido la explosión del déficit cuasi fiscal de la entidad proveniente de la colocación de deuda a través de Lebac (Letras del Banco Central).

El stock de deuda del BCRA creció un 192% en el mismo período considerado, pasando de menos de $ 100 mil millones a los actuales $ 279 mil millones.

1505_Evolución Lebac

Se trata de un déficit cuasi fiscal muy importante que la autoridad monetaria deberá afrontar en el futuro, considerando que la tasa de interés promedio de las Lebac se ubican por encima del 20%.

¿No estamos aquí ante un caso donde los costos superan a los beneficios del desborde monetario decidido por la actual administración?

El otro costo al que quiero hacer referencia tiene su origen en algo más reciente, la colocación de deuda de Bonar 2024 por US$ 1.415 millones por parte del Gobierno. La misma se hizo a una tasa de interés de 8,956%.

Esto es significativamente mayor que lo que pagan nuestros vecinos. Un tweet de mi colega Gustavo Neffa nos da una idea de lo que estoy mencionando:

1505_TIR LATAM

Como se observa, Argentina casi paga el doble de tasa de interés que el promedio de los países sudamericanos, excluyendo Venezuela y Ecuador.

¿Qué implica esto?

Argentina pagará anualmente 63 millones adicionales de dólares de lo que podría pagar por estos US$ 1.415 millones colocados. En 10 años, que es lo que dura el bono, esto implica un sobreprecio de US$ 630 millones.

Sinceramente absurdo.

¿A qué atribuimos esto?

A la mala estrategia del Gobierno en lo referente al manejo de sus pasivos y el endeudamiento en un contexto de tasas de interés 0% a nivel global.

Como estos costos deberán afrontarse en el futuro no inmediato, el Gobierno no se percata de los mismos.

La pregunta que sigue, entonces, es… ¿quién será el que cargue con estos sobre costos?

Lógicamente la respuesta es: «Todos». 

Tres lecciones del fracaso del canje

Viernes 12 de diciembre, 18 horas. El ministro de Economía, Axel Kicillof, presentó el duro revés a su estrategia de canje de deuda como un gran éxito.
«En momentos en que hay retiro de dinero de los países emergentes, acá solo se cambiaron 185 millones de dólares, y se quedaron con nuestros títulos. El test de confianza ha dado positivo porque nadie se ha querido llevar los dólares», dijo el funcionario.
Detrás de esa declaración claramente hay desconcierto.
Y se oculta la realidad…
Lo que en una primera instancia era una propuesta inteligente, según mi opinión, luego se llenó de inconsistencias. De allí, el fracaso.
Varios fueron los errores, hasta impensados de que provengan de un equipo de técnicos del ministerio de Economía de un país.
Pero a su vez, debe servir como experiencia. Hay lecciones importantes que deben quedar para evitar repetir errores nuevamente.
El gran desafío es hacer una autocrítica y repensar estrategias.
¿Se podrá?
Lección N° 1: La importancia del incentivo vía precios
 
Por más que una estrategia sea inteligente desde la teoría, no va a funcionar si no está aceitado el proceso de incentivos de precios.
Desde un primer instante el Gobierno intentó seducir a los inversores pagando un precio por el Boden 2015 a un nivel por debajo de lo que operaba en la Bolsa. Si uno, como inversor, ciertamente no tenía la restricción de la liquidez del mercado, la decisión estaba consumada de antemano: no participar del canje.
Resignar US$ 10 dólares en los próximos 10 meses (TIR del 13% en moneda dura) era un castigo demasiado amplio para no lidiar con el riesgo argentino. Quien es tenedor de un bono soberano local ya sabe de qué se trata cuando alguien le quiere explicar el riesgo de su tenencia.
Conclusión: sólo se entregaron bonos por US$ 185 millones.
Adicionalmente, el incentivo de precios tampoco funcionó en la colocación de nueva deuda vía Bonar 2024. De los US$ 3.000 millones pensados inicialmente, sólo se suscribieron US$ 377 millones, algo más del 12%.
¿Por qué alguien le iba a pagar US$ 96,20 al Gobierno por un bono que se conseguía casi US$ 1 por debajo de ese precio el día de cierre de la licitación?
Lección N° 2: No improvisar con el Señor Mercado
 
Al mercado hay que respetarlo. Hay ciertos procedimientos y comportamientos que deben seguirse al pie de la letra.
En caso de no aceptar esas reglas, el riesgo de recibir una «bofetada» es muy alto. Y es algo que debe evitarse porque condiciona el futuro.
En Economía pensaban que la vuelta a los mercados voluntarios de forma unilateral era posible. Cuando se anunció la medida, la gran mayoría de los analistas (incluido yo), pensamos que la licitación estaba casi cerrada de antemano con inversores institucionales.
Pensamos que no se trataba de algo improvisado.
Nos equivocamos…
Y si bien es cierto que se vivió una de las peores semanas del año en las bolsas globales al momento de la colocación, no es menos cierto que hubo errores en la implementación de la estrategia muy grande.
Y esos errores quedaron en evidencia con el resultado de la licitación.
Lección N° 3: El default tiene un costo
 
De alguna u otra manera, el default técnico influyó en el resultado, sobre todo por el lado de la confianza de los inversores.
Aunque el Gobierno lo niegue y se adjudique varias victorias diplomáticas contra los holdouts, el no cumplir con las obligaciones y compromisos tiene sus efectos negativos en la práctica.
No van a llegar fondos frescos en la medida que los problemas que erosionan la confianza no se resuelvan. Y esa resolución implica cerrar, de una vez por todas, el capítulo con los fondos buitres.
Quizás hasta este magro resultado sea una buena noticia y acelere una «negociación» con losholdouts a partir de enero.
Para que esto ocurra, tiene que primar la racionalidad.
Sé que es difícil, pero hay que mantenerse optimista.
De todo revés en cualquier ámbito se aprende, se saca conclusiones, se hace una autocrítica y se mira hacia adelante para construir.
Esperemos que esta vez no sea la excepción…