Wall Street no sabe qué hacer con el Bitcoin

A todos los que trabajamos en el mundo de las inversiones desde hace mucho tiempo, la crisis económica y financiera vivida en 2008 nos marcó para siempre. Muchos inversores quedaron en la ruina económica, mientras que otros aprovecharon la oportunidad para amasar una gran fortuna.

Por ese entonces, se pone en tela de juicio el rol del dólar estadounidense como reserva de valor mundial. Al ser el epicentro de la crisis los Estados Unidos, muchos pensaron que dicha moneda perdería ese estatus mientras que otro activo emergería en su reemplazo.

Nada de eso pasó finamente, pero sí se comenzó a gestar la revolución de la que todo el mundo inversor y no inversor habla en este momento: la criptomoneda Bitcoin.

La crisis de 2008 no fue una más. Se la llegó a comparar con la gran depresión del ’30, lo que se conoce como el evento de mayor impacto contractivo en la historia de Estados Unidos. Esta comparación habla de la magnitud del sacudón que significó la explosión de la burbuja inmobiliaria en ese país que puso en vilo al sistema financiero mundial.

Ese crack, que incluyó la caída de importantes bancos como Lehman Brothers o Bear Stearns, significó una falla sistémica del sistema capitalista imperante hasta el momento delimitado por los principales bancos centrales del mundo.

La pérdida de confianza en dichas instituciones y en las monedas que emitían (dólares, euros, libras, yenes) se constituyeron como los principales desencadenantes del desarrollo de las criptomonedas, siendo el Bitcoin la más conocida en estos tiempos.

El desarrollo de Bitcoin es atribuido a Satoshi Nakamoto, aunque no se lo conoce en persona. No se sabe si es un solo desarrollador o un grupo de personas, pero lo cierto es que sí se conocen las causas que motivaron este proyecto: la vocación de crear una moneda digital que actúe como medio de pago y reserva y que no esté gobernada por la discrecionalidad de ningún banco central.

En definitiva, se busca un medio de cambio libre.

El Bitcoin está ligado a la tecnología de BlockChain (Cadena de Bloques), donde cada transacción queda registrada en este “libro mayor” descentralizado a nivel global.

La creación de Bitcoin es a través del proceso de “minar” y llegará a un total de 21 millones de monedas las cuales tendrán vigencia hasta el año 2140.

Cuando uno señala que un activo como el Bitcoin subió 1.160% en la que va del año, entonces entiende el fastidio de gran parte de los jugadores de Wall Street.

En términos simple, el Bitcoin como inversión ha sido imbatible frente a cualquier bono o acción. Entonces llegan los reclamos de los inversores hacia sus asesores y, acto seguido, viene la crítica incesante de los expertos hacia las criptomonedas.

El 12 de septiembre, Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, consideró al Bitcoin como un fraude. Un mes después, el 13 de octubre, señaló que la gente que compra Bitcoin es “estúpida”. Desde el primer ataque contra la criptomoneda a la fecha, el Bitcoin subió un 204%.

No podemos saberlo en absoluto. Hay indicios de que podría haber sido exagerada la gran suba de precios que tuvo en este cortísimo período del tiempo. Pero lo cierto es que el precio del Bitcoin se mueve en base a dos cosas fundamentales, como cualquier otro bien de la economía.

  1. Oferta y Demanda.
  2. Expectativas.

La primera tiene que ver con el hecho de que al ser una cantidad limitada en el tiempo, es decir, la oferta está restringida, al haber cada vez más demanda del Bitcoin el precio tiende a subir.

La segunda se vincula con el hecho de las expectativas sobre el uso del Bitcoin. Como cada vez es más aceptado como medio de cambio y de pago, mayor es el uso de los Bitcoins, mayor es la demanda, retroalimentando el círculo.

Esto no quiere decir que el precio actual no sea el justo. Lo que vemos ahora es lo que convalida el mercado, donde actúan compradores y vendedores que tienen expectativas.

La competencia, el fin del exitismo o simplemente el cambio de expectativas determinarán cuál será el precio futuro de esta cripto moneda. Mientras tanto, le aconsejo no perder el tiempo determinando si es una burbuja o no, sino que aproveche el escenario para sacar provecho propio.

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