Romper prejuicios: de ahorrista a inversor

Esta columna fue publicada en el suplemento Económico del diario La Nación el 25 de febrero último.

¿Qué pueden hacer los ahorristas que quieren ir más allá de comprar dólares o hacer un plazo fijo bancario?

Animarse. Esa es palabra que mejor les sienta a los cientos de miles de ahorristas argentinos. Diversificar las inversiones tradicionales, que perdieron sistemáticamente contra la inflación en la última década, y animarse a otras de mayores retornos, es lo más recomendable. Las cifras son elocuentes: solo en 2017, mientras que la inflación fue de 24,8%, un plazo fijo rindió, en promedio, 19,5%, y el dólar avanzó 19%.

Claramente ni el billete ni la tradicional colocación bancaria derrotaron la suba de los precios. En contraste, las acciones marcaron una mejora de 77,7% según el índice Merval, mientras que las Lebac rindieron casi 26% anual. Aquí, claramente, el ahorro ganó poder de compra.

Se trata de animarse a pensar en grande y diversificar.

¿Existen prejuicios sobre la bolsa?

Sí. Y se trata de eliminarlos.

La bolsa no es un casino. Es el ámbito natural donde se encuentran el ahorro y las necesidades de financiamiento. Quien presta el dinero pide a cambio un retorno. Quien lo recibe lo aplica y genera riqueza. Así de simple. Utilizar el mercado de capitales para canalizar el ahorro es una señal de madurez de la sociedad. Ningún país desarrollado del mundo pudo alcanzar ese estatus económico sin un mercado de capitales fuerte, sólido y plural.

El otro obstáculo mental a superar es considerar que la bolsa solo es un lugar para “ricos o multimillonarios”. No es así. Pueden invertirse pequeños montos. Incluso, la tecnología permitió acortar mucho las distancias (tanto las geográficas como las del conocimiento), abriendo el juego rápidamente a que nuevos ahorristas se conviertan en inversores.

¿Cómo lograr ese objetivo?

El primer paso es saber que se necesita una cuenta comitente para operar e invertir en la bolsa. Es una cuenta personal que puede tener más de un titular y que es el vehículo por el cual uno comprará y venderá acciones o bonos. Existen dos caminos para abrirla: con home banking o con un agente de liquidación y compensación (ALYC).

En el primero caso, la ventaja es que todo el proceso es digital y que se utiliza la misma caja de ahorro o cuenta corriente que uno tiene en la entidad. Hay dos desventajas: los mayores costos que cobran los bancos respecto de las ALYC y un menú de activos financieros más limitado.

El segundo camino puede demorar un poco más, pero es más eficiente en términos de costos y asesoramiento.

El incipiente inversor no debe sentir miedo. La Caja de Valores es la central depositaria que opera como guardián de sus tenencias: en una subcuenta quedan depositadas las acciones y los bonos, protegidos de un eventual riesgo de quiebra de la ALYC. Al terminar 2017, las subcuentas abiertas eran 376.865, tras un alza del un 15,1% anual.

Un saludable crecimiento en un país que ha estigmatizado al ahorrista a lo largo de su historia.

 

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