Caída del dólar obliga a repensar el portafolio

A nivel profesional, me siento un privilegiado. Son muy pocas personas en el mundo las que pueden decir que aman la actividad laboral que desarrollan. Cuando era adolescente, siempre decía que quería ser o jugador de fútbol o un profesional de las finanzas e inversiones. Bueno, aquí estoy, disfrutando de lo segundo.

Hace casi 20 años que me encuentro en el mundo de los mercados y todos los días les aseguro que sigo aprendiendo. La tecnología potenció este aprendizaje. En las redes sociales e Internet siempre encuentro cosas nuevas para seguir evolucionando. Y en los grupos de Whatsapp de inversores a los que pertenezco, siempre se arman debates que generan valor y disparan ideas.

Justamente, ayer (31 de julio de 2020) en uno de esos intercambios (más precisamente en el grupo «Bolseritos»), un experimentado inversor disparó un tema de conversación al compartir un artículo que mencionaba que la agencia de calificación Fitch rebajó el panorama de la deuda estadounidense de Estable a Negativo.

No es la primera vez que una calificadora cuestiona la deuda de la principal economía del mundo. El 6 de agosto de 2011, la agencia Standard & Poor’s marcó un hito histórico al rebajar la nota de AAA a AA+. Por ese entonces, S&P señaló que el plan fiscal acordado en el Congreso era débil para estabilizar la dinámica de deuda de mediano plazo.

La evidencia empírica, desde entonces, le dio la razón.

En ese momento, el ratio Deuda / PBI de Estados Unidos se ubicaba en casi 97%. Para el primer trimestre de 2020, ese ratio se ubicó en 107%, a razón de un aumento de un 1% por año. En palabras simples, los datos sugieren que durante la última década la deuda creció a una velocidad más rápida que la actividad económica.

Con el impacto de la Covid-19, estimaciones privadas alertan sobre un deterioro más significativo aún. Fitch espera que para finales de 2021, la deuda represente el 130% del PBI estadounidense, haciendo el camino futuro poco sustentable.

Vaya casualidad, hay datos realmente muy semejantes entre lo que estamos viviendo hoy respecto lo ocurrido en 2011 cuando S&P avanzó en la rebaja de calificación a la principal potencia del mundo.

  1. El problema del endeudamiento no se circunscribe solo a Estados Unidos. En 2011, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (Spain) se hicieron conocidos por el acrónimo PIIGS («Chanchos») ya que su elevado nivel de deuda pusieron en jaque a la continuidad de la Unión Europea por aquel entonces. En la actualidad, me animo a decir, que gran parte del mundo desarrollado tendrá problemas de endeudamiento con ratios bien instalados por encima del 100%. Si antes teníamos serias dudas sobre quién iba a pagar esos bonos soberanos, ahora ni les cuento.
  2. Las tasas de interés de los principales bancos centrales del mundo se encontraban en niveles mínimos históricos: 0% en el Banco Central Europeo y un rango de 0% a 0,25% para la tasa testigo de la Reserva Federal. Hoy tenemos la misma situación.
  3. El oro alcanzando el máximo nivel histórico en términos nominales. Por 2011, la onza llegó a un máximo de USD 1.900 intradiario, mientras que hoy el metal se instala bien por encima de ese nivel y a las puertas de los USD 2.000.

Todas similitudes que no son coincidencia, sino que pueden estar marcando cambios estructurales en las relaciones geopolíticas por delante.

Cómo sigue hacia adelante la película

La cantidad de dinero emitida en el mundo no tiene precedentes en la historia moderna.

Una muestra de lo anterior es la hoja de balance de la FED. En septiembre de 2008, el banco central estadounidense contaba con USD 905.000 millones en activos. Para febrero de 2020, esos activos sumaban USD 4.100.000 millones. En términos relativos, crecieron un 353%. Sin embargo, nominalmente lo que tardó en expandirse en casi 12 años, en la actualidad se expandió en apenas cinco meses. Y más emisión parece estar por venir.

Esa innegable lluvia de dólares explica, en gran parte, el rally reciente de la renta variable, la cual está en terreno récord histórico nuevamente. En un mundo a tasa 0% y con expectativas de inflación crecientes a futuro, los inversores se cubren comprando activos de renta variable, a pesar del riesgo.

Alineado con lo anterior, el dólar cede terreno a nivel mundial. Cotizando en el menor nivel de los últimos dos años, es inevitable una revaluación de los commodities por delante. El oro fue el que picó en punta, pero otro commodities están preparándose para hacer el catch up. Estas son buenas noticias para los países emergentes. Las acciones de estos mercados se encuentran en relación a sus pares norteamericanas cerca de un mínimo histórico.

Con la renta fija desarrollada fuera de cualquier portafolio racional y con las acciones estadounidenses con valuaciones difíciles de justificar en comparación a sus ratios históricos, quizás sea el momento de comenzar una gran rotación hacia activos de mayor riesgo que puedan compensar la incertidumbre de los grandes desafíos que le depara al mundo hacia adelante.

En este escenario tan impredecible como el actual, los inversores deben ser capaces de mostrar flexibilidad y romper con las estructuras tradicionales que fueron consideradas de excelencia y buenos retornos en el pasado.

 

El mundo post pandemia es una oportunidad para Argentina, ¿se aprovechará?

Absolutamente todos los economistas y analistas financieros coincidimos en que la pandemia del Covid-19 traerá mayores desafíos para la economía argentina de los que presentaba previamente antes de este brote.

La situación previa ya era de por sí muy delicada. Un déficit fiscal crónico que no fue corregido a tiempo generó dos efectos no deseados: por un lado, un endeudamiento acelerado para financiar gasto corriente; y, por el otro, una presión impositiva insoportablemente elevada para el sector privado. Cuando el financiamiento desapareció, entonces no se tuvo otro camino que recurrir a la emisión monetaria espuria.

El resultante fue una creciente y acelerada caída del peso argentino, como consecuencia del repudio por parte de los argentinos, que derivó en una escalada de la brecha cambiaria.

Lamentablemente, el Covid-19 llegó para profundizar estos problemas. La impresión de billetes se aceleró para financiar un fisco que aumentó su desequilibrio, mientras que la presión impositiva no cesó. En este contexto, cumplir con las obligaciones impositivas se hizo una carga aun más pesada para el sector privado que vio decrecer su producción e ingresos aceleradamente.

¿Acaso está todo perdido…?

El escenario es más difícil y desafiante, sin dudas, pero si se avanza con políticas que tengan sentido común se puede sacar provecho, incluso, del nuevo mundo post-Covid 19 que se avecina.

Lo primero, y más urgente, es resolver el tema de la deuda soberana. No entrar en default indefinido (ya se ingresó técnicamente el 22 de mayo) resulta condición necesaria, pero no suficiente, para ver la luz al final del túnel para la economía argentina. No se trata de “pedirle a los bonistas que ganen menos”, sino de que Argentina tenga la posibilidad de apalancar una futura recuperación económica con el engranaje del crédito.

Un default no solo tendrá consecuencias nocivas para la inflación y la brecha cambiaria, sino que dejará en una situación de virtual default a las provincias argentinas que buscan renegociar sus pasivos. Aún peor, el sector privado quedará aislado para poder financiar una potencial recuperación de la economía argentina. Adicionalmente, un abrupto y arbitrario default limita fuertemente la posibilidad de que los organismos multilaterales permitan financiar infraestructura tan necesaria para mejorar la competitividad del país.

Precisamente, si de competitividad se trata, la Argentina tiene una gran oportunidad de potenciar dos sectores que pueden salir extremadamente favorecidos de esta pandemia en el mundo.

El primero, lógicamente, es el de la industria alimenticia. Si hay algo que el mundo no dejó de consumir en estos traumáticos meses ha sido los alimentos y sus derivados. El campo argentino tiene una competitividad de primera línea, con la posibilidad de generar valor agregado en sus exportaciones con la consecuente creación de empleo de calidad. Solo hace falta una cuestión central ligada a los incentivos. Es necesario promover políticas que fomenten e impulsen este sector y no que le pongan un freno de mano.

El segundo sector en importancia es la exportación de servicios informáticos y del resto de las áreas conocidas como la economía del conocimiento. Se trataba de un sector que cobró muchos dinamismo y competitividad en los últimos años, aportando un salto cualitativo a nuestra balanza comercial superavitaria. La implementación de retenciones a las exportaciones de estos servicios, sumada a la suspensión en la aplicación de la Ley de Conocimiento votada por el Congreso, son obstáculos muy difíciles de entender a esta altura.

Esto es claramente una inconsistencia más entre lo deseado y lo que realmente se pone en marcha en la práctica. El origen, claro está, es el persistente desorden y desequilibrio del fisco.

Hacia adelante, hay que torcer las expectativas. Dar un salto de calidad que permita creer en un país mejor. Urge un programa macroeconómico y de consistencia monetaria-fiscal, teniendo como foco de corto plazo transparencia en el mecanismo que se utilizará para sacar de circulación la inmensa cantidad de pesos emitidos para atender la emergencia de la pandemia.

Me quedo con las palabras de nuestro presidente, que hace un par de semanas señaló que “financiar el déficit con deuda no es una buena idea”. Tampoco es viable hacerlo con emisión. Así las cosas, se necesita un camino hacia la sostenibilidad fiscal.

Ojalá sus palabras se materialicen en la práctica y que la Argentina aproveche esta nueva oportunidad que le brindará el mundo post pandemia.

Entrevista Radial: Inflación y Economía 2020

La inflación de octubre se ubicó en el 3,3% mensual en Argentina, un nivel más bajo del 4% proyectado originalmente por los analistas privados.

Sin embargo, no hay mucho para festejar. La inflación de 2019 cerrará por encima del 50% anual, marcando el rotundo fracaso de Cambiemos.

Me entrevistaron en Radio Millenium sobre este tema y otros:

https://ar.radiocut.fm/audiocut/diego-martinez-burzaco-resumen-economico/

Argentina no tolera más clichés de campaña

Como si estuvieran en un cuento de hadas, los candidatos endulzan los oídos de los ciudadanos con recetas mágicas que son imposibles de aplicar en el país

La gran mayoría de los argentinos estamos tachando los días que faltan para poner punto final al eterno capítulo del proceso electoral que estamos atravesando. Es un tema que encuentra a la sociedad con un muy escaso límite de tolerancia. Además, también tiene efectos colaterales extremadamente nocivos, tanto a nivel social como a nivel económico.

El grado de incertidumbre es total, por lo que resuelta la contienda electoral del domingo 27 de octubre (si es que no hay ballotage), tendremos, al menos, un elemento de certeza hacia adelante: la persona encargada de gobernar la Argentina durante los próximos cuatro años.

En el mundo económico, el contexto del país nos encuentra con un consenso casi unánime entre los economistas de las distintas vertientes: salir de esta crisis será, como mínimo, doloroso y habrá que hacer sacrificios.

Pese a este diagnóstico, la clase política parece no reaccionar. De un lado y otro del mostrador encontramos discursos que poco tienen que ver con la realidad vigente. Y, además, subestiman la capacidad de la gran mayoría de los argentinos.

Desde el oficialismo, se instala la idea de que lo peor ya pasó, que nos espera crecimiento de los salarios, creación de empleo y el comienzo de un camino de bienestar de muchos años para los que vivimos acá.

Ciertamente todas esas palabras lucen atractivas, pero me preguntó, ¿en base a qué se sostienen esas ideas? Las expresiones de deseo que no van acompañadas de hechos concretos y medidas profundas que requieren coraje, quedan solo en eso: expresiones de deseo.

Durante los últimos cuatro años, tuvimos mucho de esas expresiones de deseo en los dos primeros del Gobierno de Macri. En tanto, la segunda mitad del mandato sacó a la luz las negativas consecuencias de no haber acompañado el discurso con hechos concretos en la realidad.

Sea por imposibilidad, ineptitud o falta de un plan, el fracaso económico está a la luz de las cifras de inflación, decrecimiento, pobreza y salida de capitales.

Del otro lado tampoco encontramos demasiada racionalidad.

En un país sin crédito disponible y sus cuentas públicas en desequilibrio, restarle importancia a incrementar el gasto público cuando de “reconocer derechos se trata” es, al menos, demagógico e irresponsable.

Y no se trata de NO reconocer los derechos, sino de cuáles de ellos deben tener más prioridad ante otros. En un país donde urge solucionar el sendero fiscal de largo plazo para evitar seguir fogoneando la inflación, principal elemento regresivo de la dramática situación social, hablar tan despojadamente del gasto público no merece un análisis serio.

En paralelo, tampoco estamos en condiciones de seguir estigmatizando a nuestros acreedores con el discurso de la ilegitimidad de la deuda pública. Con la imperiosa necesidad de incrementar la tasa de ahorro para financiar el desarrollo de largo plazo, esas declaraciones, como mínimo, terminan espantando al que tiene el capital.

Por lo visto, está en los genes de la clase política endulzar los oídos de su electorado con expresiones y dichos que carecen de todo raciocinio de la actual situación del país.

Y las consecuencias de esta falta de sentido común están a la vista. El ahorrista busca refugio, no por especulación sino por el instinto de supervivencia que debe desarrollar en medio de este mar de incertidumbre.

Así, la brecha entre el dólar “oficial” y el dólar libre (dólar Bolsa) llegó al máximo de casi 18% desde la imposición del control de cambios.

Mientras seguimos con los clichés, el dólar libre habla. Y las consecuencias de ignorar los problemas pueden derivar en daños colaterales mayores.

Sólo la cruda verdad puede comenzar a recuperar parte de la confianza perdida. Acá, no hay atajos.

Argentina: ¿sobra o falta tasa de interés?

En vez de discutir ideas de fondos, los argentinos como apasionados que somos discutimos temas superficiales sin mucho conocimiento ni tecnicismo detrás. Esta vez, el concepto que se transformó en trending topic fue la tasa de interés. A continuación, hago un aporte al tema.

A nivel local, la semana económica estuvo centrada sobre la el nivel de tasas de interés que había en Argentina. El punto de partida del debate lo inició el candidato a presidente opositor, Alberto Fernández, que señaló que dejaría de pagar “las elevadas tasas de interés de las Leliq y con ello financiaría un aumento del 20% para todas las jubilaciones”.

Más allá del tinte electoralista que puede denotar esa declaración, una vez más creo que la ignorancia económica que tienen muchos actores relevantes de nuestra sociedad ha quedado en evidencia cuando tomaban postura sobre este tema.

Mi intención con esta columna es esclarecer algunas cuestiones en torno a este tema, obviamente a partir de los datos, para que usted, como inversor, pueda llevar adelante la mejor estrategia de inversión para proteger (y hacer crecer) su ahorro.

Antes de comenzar, me gustaría preguntarle.

¿Usted cree que sobra tasa de interés o que hace falta…?

Espero aclarar el panorama a continuación…

El origen de las Leliq

Las Letras de Liquidez (Leliq) son instrumentos de política monetaria utilizados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para poder controlar la cantidad de dinero que circula en la economía. Las Leliq sólo pueden ser compradas por los bancos comerciales y no por el público en general.

La idea es que los tenedores de instrumentos que emite el BCRA sean sujetos que estén regulados por la propia entidad, de manera de disminuir los riesgos de permanencia, tomando como experiencia la mala praxis que ocurrió con las Lebac durante la crisis de 2018.

De esta manera, acá tenemos un primer error conceptual de importancia en la visión de Alberto Fernández: las Leliq y su tasa de interés son herramientas del BCRA para hacer política monetaria y no son recursos líquidos que pertenecen al Tesoro y que se puedan usar discrecionalmente, para financiar aumentos salarios, jubilaciones o cualquier otra partida de gasto público.

Detrás de las Leliq, los plazos fijo

Hemos escuchado hablar de “bicicleta financiera” durante mucho tiempo, un cliché extremadamente repetido por gente que tiene escasa idea sobre cómo funciona el canal del ahorro y la inversión.

Con el fin de que las “elevadas” tasas de interés que recibían los bancos por las Leliq se traslade a los plazos fijos, el BCRA permitió realizar, transitoriamente, encajes (el dinero que tienen que dejar en el BCRA para garantizar el repajo delos depósitos a plazo) en forma de Leliq.

Así, los bancos podrían ofrecer un mayor rendimiento por los plazos fijos que otorgaban a los depositantes, teniendo recursos necesarios para fomentar el crédito al sector privado.

Desde ya que las condiciones macroeconómicas del país tuvieron un impacto negativo significativo sobre la expansión del crédito al sector privado, pero la situación bancaria hubiera sido mucho peor si el BCRA no se ocupaba de recrear ciertos incentivos para que los ahorristas dejaran su dinero en el banco.

Sin incentivos para ahorrar, el crédito de largo plazo nunca aparecerá y, por ende, la capacidad de desarrollo del país quedará meramente limitada a una expresión de deseo.

Es la inflación, no la tasa

Finalmente, me gustaría dejar en claro mi postura contraria a los que señalan con mucho desparpajo sobre la existencia de la bicicleta financiera.

Horrorizados por la elevada tasa de interés, critican y estigmatizan al ahorrista. Esos críticos hacen una omisión que, a esta altura del partido, me parece mal intencionada: se refieren a la nominalidad de la tasa de interés y no a la variable real, que implica descontar la inflación.

Así, se quejan cuando los bancos pagan a los ahorristas la estrepitosa tasa de interés de 50% anual por un plazo fijo. ¡Pero omiten señalar que la inflación de junio fue del 55% anual!

En relación a lo anterior, hice el siguiente ejercicio. Desde la aplicación del nuevo esquema monetario, el 1 de octubre pasado, la tasa de interés “ha venido subiendo”, pero porque la inflación se fue acelerando.

Si uno hubiera realizado un plazo fijo a 30 días a la tasa vigente al 30 de septiembre y lo hubiera renovado el último día hábil del mes siguiente a la tasa de mercado, hoy tendría una ganancia real de 4,29% contra la inflación acumulada.

Así, los datos demuestran que la “excesiva tasa de interés” del sistema financiero no es más un cliché político de campaña que sirve para sacar de foco lo realmente importante.

De esta manera, cuando alguien le hable sobre la bicicleta financiera y la “timba”, dígale que la tasa de interés es la adecuada para fomentar, de una vez por todas, el tan necesario ahorro en el país.

Sin ahorro, no hay inversión. Y sin inversión, no hay perspectiva económica favorable para el país.

No tenga miedo al debate, los datos están a su favor.


¡No jueguen con las Leliq!

Como inversores, deberíamos apagar la televisión y la radio y no dejarnos contaminar por los discursos de nuestros políticos en estos momentos. Como argentinos, deberíamos repudiar la actitud y dichos de muchos dirigentes.

A menos de dos semanas de las elecciones primarias PASO que marcarán el rumbo política para la elección presidencial de octubre, algunos candidatos acuden nuevamente a discursos demagógicos y cargados de populismo para intentar captar el voto de los indecisos.

En esta línea, el principal opositor del oficialismo, Alberto Fernández, se refirió a la posibilidad de dejar pagar los intereses de las Leliq (Letras de Liquidez del Banco Central de la República Argentina) para ofrecer un aumento en todas las jubilaciones, mejorando el poder adquisitivo de los haberes de las personas del ciclo pasivo.

Claramente se trata de una media impracticable en los hechos y que deja al candidato en cuestión al borde de la ignorancia económica sobre qué son los instrumentos en cuestión y cómo funcionan.

Algunos conceptos que detallo a continuación podrían brindar algo de claridad a la discusión:

  1. Las Leliq son un instrumento de política monetaria que el BCRA utiliza para controlar la cantidad de dinero en la economía y con ellos cumplir los objetivos de la base monetaria del programa que está llevando a cabo. En este sentido, las Leliq sólo son suscriptas por los bancos directamente con la autoridad monetaria. No es dinero ni del sistema de pensiones y jubilaciones, ni del Tesoro Nacional, por lo que no puede ser tomado para adoptar medidas populista de incremento salarial discrecional al menos que se quiera avanzar sobre la autonomía de la entidad.                                                                                                                                        
  2. Más del 80% de los fondos que los bancos comerciales tienen colocados en las Leliq respaldan los depósitos a plazo fijo de los ahorristas, por lo que cualquier atisbo a limitar ese instrumento de manera coercitiva tendrá como correlato una posible fuga de depósitos a plazos que podrían alimentar una dolarización excesiva del portafolio y hasta una aceleración inflacionaria.                                                                                                                                          
  3. Las consecuencias de “arremeter” contra las Leliq llevaría, como mínimo, hacia una desestabilización del sistema financiero, propio de la naturaleza de la salida de depósitos que podría generar, llevando a una suba de la tasa de interés para parar la desconfianza contra el peso, algo que en tiempo de nerviosismo y pánico se transforma en un instrumento de escasa eficacia.                                                                                                                                                     
  4. Finalmente, romper el contrato voluntaria entre el BCRA y los bancos comerciales acrecentaría la incertidumbre por la debilidad que genera en la autoridad del banco central, al tiempo que se iniciaría una fuerte ola de reclamos judiciales de las entidades bancarias para con el país.

Bajo este criterio, resulta netamente sorprendente la declaración de Alberto Fernández, ya que no tiene ningún objetivo económico positivo palpable. Solamente es entendible, aunque muy poco atinado, dese el contexto político.

Para poder resolver el problema de fondo con las Leliq, una vez aclarado el panorama político, deberá lograrse mediante un aumento de la demanda de dinero que sea consecuencia de una rebaja de la inflación presente, de las expectativas inflacionarias futuras y de la confianza generada en los agentes a partir de un país que tenga más previsibilidad en el próximo lustro.

Apuestas de alto riesgo para un año electoral

La dinámica de lo que ocurrió las últimas semanas en el mercado argentino dejó una clara posición para lo que viene en los próximos meses: estamos en una zona donde sólo los traders puede intentar sacar ventaja de la extrema volatilidad, sea en el mercado de renta fija, en el de renta variable, el cambiario o de tasas de interés.

De esta manera, usted ya está advertido: si no le gusta demasiado el riesgo, manténgase alejado de la gran mayoría de los activos financieros locales.

A diferencia de lo que fue el final de 2018, el 2019 viene acompañado de un condimento adicional a la ya conocida fragilidad de nuestra economía: el factor político. Con una elección que se encuentra más reñida que nunca y con final reservado, las inversiones en acciones y bonos se tornan cortoplacistas y de alto riesgo.

Ese tipo de inversor también existe. Y gracias a los amantes del riesgo es que tenemos liquidez diaria en muchos activos financieros que mejoran, en cierta medida, la profundidad del mercado. Para entender por qué estamos en zona de alta especulación, tres datos son relevantes:

  1. El riesgo país finalizó el 2018 cerca de 800 puntos básicos, bajó a 630 a fines de enero y ahora lo tenemos instalado en 750 puntos básicos.                                                                                                          
  2. El S&P Merval en dólares llegó a estar cerca del límite de US$ 1.000 dólares hace un par de semanas para ubicarse en US$ 800 en la actualidad.                                                                                 
  3. La tasa de la Leliq cerró el año en casi 60% anual, tocó 43% hace semanas y ahora volvió nuevamente a su posición al 29 de diciembre.

¿Acaso no es un mercado para traders y amantes del riesgo…?

Para ellos la volatilidad es una tentación y una oportunidad. Y efectivamente, si está dentro de ese grupo, acá hay algunas ideas que puede interesarle:

Carry Trade: con la vuelta de un BCRA muy duro en su política monetaria, podría volver la tentación de “apostar” al peso ante tasas elevadas nominalmente. Todavía el ajuste de las Leliq no se evidenció en el resto de instrumentos en pesos, pero de persistir, llegará. Un 30% de la cartera puede ser tentador, aunque el riesgo cambiario no es menor.

Bonos medios / largos en dólares: Si uno apuesta a que el dólar a nivel mundial dará un respiro y los inversores vuelven transitoriamente a los mercados emergentes, la curva media larga en dólares de los bonos soberanos luce con rendimientos atractivos. El bono de Descuento en Dólares en Argentina (DICA) rinde cerca de 14% anual. Apuntando a una compresión de spreads por mejor clima global se podría hace una diferencia. Otro 30% del portafolio dedicado al riesgo podría ser una apuesta que sirva.

Acciones Especulativas: Estuvieron llegando los balances de la mayoría de las empresas correspondientes al cuarto trimestre. La gran mayoría de ellos aplicaron el ajuste por inflación, mejorando fuertemente la situación patrimonial. Uno de los balances que vino fue YPF S.A. (YPFD) que mejoró consistentemente los márgenes operativos contra igual período del ejercicio previo. Se trata de una acción completamente politizada, pero que luce barata. El riesgo es alto, aunque un rebote del crudo internacional y con la puerta de entrada de Argentina a Emergentes podría funcionar. Acá un 20%. Y los bancos han venido sólidos. Grupo Financiero Galicia (GGAL) bajó recientemente de US$ 37 en febrero a casi US$ 25 en Wall Street. Su balance no ha sido tan desalentador a pesar de la fuerte contracción en la intermediación financiera. Un rebote, si se da lo anterior, es posible. Otro 20% de la cartera por aquí.

Las anteriores son ideas de inversión solo a título informativo, para inversores proclives al riesgo y que quieran apostar a una recuperación al exagerado castigo que tuvieron los activos argentinos en las últimas tres semanas. Inflación, recesión y, por sobre todo, el factor político son las principales variables que condicionan (y mucho) el andar de dichos activos financieros.

Recuerde, si no le gusta el riesgo y no es trader, mejor mantenerse alejado de la montaña rusa que experimenta nuestro mercado en la actualidad.