Por qué el 2018 se parece cada día más al 2016

Hace exactamente una semana atravesábamos el “Super Martes” en la Argentina, lo que se constituyó como el máximo pico de estrés financiero de la era de Mauricio Macri al frente de la Casa Rosada en estos dos años y cuatro meses de mandato.

A partir de la exitosa renovación de más de 600.000 millones de pesos de Letras del Banco Central (Lebac), conjuntamente con la colocación de deuda en pesos a 5 y 8 años por 3.000 millones de dólares, la tranquilidad cambiaria y financiera se volvió a hacer presente.

Mientras algunos analistas indican que lo peor ya pasó y que el mercado bursátil podría retomar su senda alcista, yo me muestro más cauteloso: aún persiste una gran dosis de política en la Argentina, que interfiere las decisiones económicas y de inversión, y que desvían los incentivos.

En paralelo, la corrida cambiaria que dejamos atrás dejará costos económicos y eso hará que la economía de 2018 se parezca mucho a la de 2016.

Para empezar, el desplazamiento del tipo de cambio en lo que va de año se parece mucho al movimiento que observamos desde la salida del cepo a fines de 2015 y principios de 2016. Desde el 16 de diciembre de 2015 hasta el 31 de marzo de 2016, el tipo de cambio nominal se depreció un 49% contra el dólar. En tanto, desde el 1° de diciembre de 2017 a la fecha, el peso se devaluó un 39%.

Esto tuvo un impacto directo en el Tipo de Cambio Real Multilateral, que no es más que el valor del tipo de cambio respecto nuestros principales socios comerciales considerando un ajuste por la inflación. En términos simples, mide la competitividad real de nuestro tipo de cambio: cuanto más alto, más competitivo somos para exportar respecto a esta variable.

Este tipo de cambio se encuentra hoy en el mismo nivel desde la salida del cepo cambiario:

Argentina

Argentina

En términos de tipo de cambio, hoy la Argentina es igual de competitiva de lo que era dos años atrás. Desde ya que el principal desafío hacia adelante es evitar que gran parte esta devaluación se traslade a la inflación. Es lo que los economistas denominamos pass throughnuestra historia económica de los últimos cincuenta años muestra que, tarde o temprano, la suba del dólar se traslada al nivel general de precios.

El segundo punto en común que veo entre 2016 y 2018 es la magnitud del desvío de la inflación respecto a la meta planteada por el Gobierno. En el primer año de Cambiemos, estimaron que el objetivo de subida de precios sería del 25%, mientras que el dato real finalmente fue 41%. Eso implicó un desvío del 64%. Para 2018, la meta de inflación es del 15%. Sin embargo, hay factores objetivos para considerar que estaremos cerca de un 24% de suba de precios para todo el año, lo que implica un desvío del 60%.

Considerando lo anterior, es muy probable que los salarios crezcan por debajo de la inflación en 2018, tal cual ocurrió en 2016. Eso nos da una pista sobre qué puede ocurrir con el consumo privado en la Argentina en lo que queda de 2018, con su consecuente impacto en las acciones relacionadas con este sector.

Finalmente, el último punto de contacto fuerte entre 2016 y 2018 es el nivel de la tasa de interés de corto plazo, medido por el rendimiento de la Lebac a 35 días. Con el salto en la última licitación del martes, este rendimiento se encuentra, incluso, por arriba del famoso 38% que supo regir en 2016.

Argentina

Argentina

Así, las perspectivas económicas para el resto de 2018 implican:

  • Menor crecimiento económico.
  • Caída del salario real.
  • Menor consumo.
  • Altas tasas de interés.
  • Mayor tipo de cambio.

¿Cómo invertir en este contexto?

Claramente las señales apuntan a evitar acciones de empresas con una demanda elástica respecto el consumo doméstico. En este sentido, abriría un paréntesis en las acciones bancarias o de la industria de la construcción en la medida que no se estabilice el panorama. Por el contrario, empresas con perfil exportador o con una demanda de sus servicios más inelástica (como las utilities) son de mi preferencia para este momento.

La Argentina presenta nuevamente un déjà vu, y el portafolio debe adaptarse a esta nueva realidad.

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